8 oct 2008

OBSERVACIONES

Hasta el momento, el viaje ha venido siendo generoso y benevolente. En lo físico aún no hemos pasado verdaderos suplicios. La gente, como ha quedado claro, se ha portado de maravilla con nosotros y nos ha enseñado su rostro más familiar y humano.


Lo más complicado hasta el momento ha sido el desafío de la convivencia, de aprender a ser uno solo en armonía con los demás. Esto implica, necesariamente, analizarse bien los defectos propios y observar, sin ánimo crítico ni recalcitrante, los ajenos. Es decir, que uno ha de estudiarse bien para poder mitigar, en la medida de lo posible, el posible efecto que cause aquello que no nos agrada tanto de la gente que nos rodea.


Por lo general, elegimos estar cerca de ciertas personas porque estas tienden a conmover nuestros sentimientos más sublimes; pero con el tiempo y la intimidad, aprenden también a remover en esas aguas que nunca terminamos de limpiar.


Viajando uno se permite romper las cadenas de las presiones cotidianas que nos impiden reparar en las verdaderas cuestiones de peso: en quién se es, en cómo se vive y en con quién o quiénes se vive. A veces de la sensación de que se vive por inercia y de que se va yendo de un lugar a otro sin saber ni cómo ni por qué. Aún peor, sin recordad el recorrido. Por eso se suele decir que los defectos sólo empeoran con la edad cuando en realidad, debería ser al contrario; pues si con la edad se adquiere experiencia y sabiduría, uno tendría que verse mas capacitado para identificar dichos defectos y trabajar para, si no erradicarlos, al menos suavizarlos.


El dilema hasta ahora es el siguiente: En qué plano es más importante crecer, ¿en el personal o en el material?


Quizás más de uno haya llegado a sus propias conclusiones. Nosotros, viviendo fuera de agendas y horarios en tan estrecha convivencia, luchamos día a día para resolver dicho dilema. Y aunque por cada éxito hay cien fracasos, no nos olvidamos que después de un éxito ya no se vuelve a fracasar de la misma manera, así como Heráclito de Éfeso decía que uno no se baña dos veces en el mismo río. Con cada éxito estamos mas despiertos, somos más conscientes de esos cien fracasos que a medida que se van superando, adquieren nuevas formas y tientan otras flaquezas.


Probablemente, nunca lleguemos a completar este viaje íntimo en vida. Eso no es lo importante. Lo importante es haberlo iniciado.

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