10 oct. 2009

CAPÍTULO 3: BOLIVIA (XIII) ETAPA II (Final)

Se siguen aceptando consultas, dudas, aclaraciones criticas y sugerencias

Llegando a La Paz

Una vez que se acaba “La ceja”, rotonda donde acaba El Alto y comienza La Paz, comienza una bajada IN CRE I BLE de más de 10 minutos sin pedalear y “a todo vapor”. Desde ésta, se aprecian paisajes espectaculares como el Illimani y el Huayna Potosí además claro, de una preciosa vista casi completa de la capital boliviana.


(en la foto quizás no se aprecie bien, pero los muñecos colgados dicen "me colgaron por robar". Es muy interesante como los indígenas, no dependen para todo de la ley, en su cabeza no cabe la idea de robar, así que al que roba, lo matan...)







La Paz




Fui como primer lugar al café internet de Cristian y Luisa (su pareja) ya que ellos eran quizás los más indicados para darme consejos sobre esta ciudad como, lugares para comer, mapas para llegar al hotel Florida de Miguel, etc.

El tema del hotel no fue lo esperado, Miguel no solo me regaló 6 noches en el hotel con baño privado, agua caliente, cama de dos plazas, sino que además, me regaló el equipo para mate y hasta la yerba.
En más de una oportunidad, también me invitó a almorzar allí, en el propio restaurante del alojamiento.

(Vista del amanecer con el inmenso Illimani desde la habitación 107 del hotel.)



Me encontré en Chuquiago café con varios ciclistas los 6 días que moré en La Paz.
Cristo, un canario (España), Ruddy, un brasilero (cerca de Curitiva), Andrea y Sandra, dos suizos, Camilo y Jana (el colombiano y ella estadounidense); Daniel, otro personaje suizo con unas historias terriblemente escalofriantes de sus viajes en bicicleta por África y otros cuantos más que no podría negar que fueron momentos muy gratos en los que me sentí como en casa.


Ya que fue en La Paz donde terminé de solucionar todos los recambios de piezas gastadas, aquí también adjunto los trabajos realizados en Cochabamba (especificamente en la bicicleteria del "tito" gran personaque quillacollense)



Compartiendo una misma filosofía pese a que unos llevan GPS, cuenta kilómetros digitales programables, alforjas para bicicletas (en vez de mochilas viejas), bicicletas de mil y pico de dólares, equipamiento para viajes en bici, tarjetas de crédito, ropa especial, casco, lentes de sol, etc, siento que es bueno de vez en cuando, encontrarse con gente que a pesar de no hablar el mismo idioma verbal que uno, usa los mismos códigos, los mismos principios, comparte la mismas inquietudes de la vida. Cristian, un tipo formidable, ayudando incondicionalmente a todo ciclista que se le pone enfrente.Me ayudó a cambiar las masas de las ruedas (eje donde se concentrar los rayos o radios de las ruedas) y me centró las ruedas tarea que le implicó, varias horas en dos días consecutivos.







Me sentí y me siento afortunado de conocerle a él y a Luisa (quien me recordó a una querida amiga por su personalidad) que en lo que podía, tampoco se quedaba atrás ayudando.
Me prestaron internet y pude también, quemar varios DVD’s para respaldar fotos, y audio libros.
Ayudamos todos los ciclistas a atender el café (vendiendo café, capuchino, tartas, postres, etc) mientras Luisa y Cristian salían a hacer alguna vuelta personal. Fue muy lindo compartir en esa circunstancia con todos ellos; ciclistas y “dueños” de casa.
Recuerdo la confianza que me dio Cristian cuando al segundo día de conocerme le pedí una herramienta y me dio las llaves de su casa para que la fuera a buscar. Yo ni siquiera sabía dónde era esta.


La Paz - Huarina



Pasada esta casi semana, partí rumbo a Copacabana.Me enfrenté con una subida espectacularmente fuera de serie.Con la bicicleta con 85 kg (pesados) ni empujándola podía con ella.Me di cuenta que mis alforjas delanteras (2 bolsas de plastillera o gangochos como se les llama en Bolivia a las bolsas en las que viene el arroz de a 46kg) me tocaban al rueda delantera, pero no podía pasar más peso para la trasera porque esta explotaría como le sucedió a Ruddy, el brasilero loco que no sólo viajaba con todo lo de la bicicleta sino que además, con material para escalar… Paré entonces ya exhausto en frente a un taller de metalurgia (le llaman cerrajería)Mi hice hacer unas adaptaciones para la parrilla delantera para mejorar el sistema. 30 minutos más tarde, estaba empujando otra vez en estas colinas de la vida.Me harté cuando me di cuenta que iba 4 kms y me faltaban más de 13 en las mismas o peores condiciones según habíamos visto la noche anterior con Cristian en el Google Earth (programa que muestra imágenes satelitales con alturas y todo tipo de dato técnico que se desee) Pasó una camioneta, a la que creo que ni fue necesario terminar de subir el pulgar para que me parara y ayudara a subir la bicicleta a su caja. Al contarles que iba a Copacabana, me dijeron que iban hasta Sorata que me podían llevar hasta Huarina, lugar a 74 km de La Paz. Yo no quería hacer tanto trayecto en vehículo pero el cansancio me pudo esta vez.





Huarina – Tiquina – Copacabana – Kasani




De Huarina, al bajarme de la camioneta, me encontré con que esta gente me quería cobrar.
Luego de un intercambio de puntos de vista, se fueron bastante desconformes… pero sin un mango mío...
Emprendí mi marcha hacia Tiquina donde a escasos 15 kilómetros de llegar, pinché luego de 4 mil y pico de kilómetros que llevaba invicto.
Tuve que parar, descargar media bicicleta y con mucha filosofía mientras cantaba y tocaba la guitarrita, reparar el pinchacito.



Al llegar a Tiquina, encontré un gran tipo que en las chatas que cruzar los camiones, autos y buses, me dejó cruzar el Titicaca sin pagarle los 5 bs que correspondía; arriesgándose incluso a que la gente de la marina lo multara.

Al llegar al otro lado, pedí asilo en la marina. Me mandaron a freír boñatos.
Muy cansado y con hambre, comencé a salir de Tiquina (se llama igual de ambos lados del Lago) y me encontré con un cementerio. Lindo lugar pa dormir acompañado, me dije.
Levanté un poco más la vista y vi una serie de viviendas abandonadas en las que hube de pernoctar tranquilamente y sin compañías fantasmagóricas.




Mañana siguiente, junto con el naranja más puro del Universo, el de nuestro tata Inti (el sol), salí de mi cueva-pieza-pocilga y encaré rumbo a Copacabana.
Pensaba allí pasar un par de días en la Isla del Sol, pero saqué cuentas y esto, alteraría mucho el presupuesto. Por tal motivo, luego de interminables subidas con un intenso sol que me quemaba hasta el cerebelo, llegando en ocasiones hasta por encima de los 4200 metros, comenzaron las bajadas. (Pondré algunos videos también sobre esto con un link a “youtube”)





Paisajes muy bonitos me tentaban a entrar a la turística Copacabana, pero resistí el demonio verde (el dólar) y seguí hasta que el arco me dio la señal de que estaba a punto de cruzar de Kazan (frontera boliviana con Perú) a Yunguyo (frontera peruana con Bolivia)




Para las 13hs peruanas, 14 horas bolivianas, en Yunguyo con mi visa de 90 días de estadía en Perú.






Salida de Bolivia, odisea y resumen



Así es, haciendo malabares para “zafar” de migraciones, me mantuve más de 11 meses (del 31 de octubre de 2008 al 11 de octubre de 2009) en Bolivia.
Entrando y saliendo cada 3 meses fue el único remedio para poder continuar con mi crecimiento en Janajpacha Y seguir conociendo la gran tierra, cuna de los Incas.

Durante ese casi año, paseé por varios lugares, aprendí mucho sobre la cultura indígena y sobre el como “convivir” con ella respetándola sin modificarla como los Jesuitas.
Desde Torotoro, Potosí, tierra de dinosaurios, de pinturas rupestres y cascadas hermosas, hasta la misma selva boliviana, El Chapare. Donde la Pachamama se muestra exuberante, virgen, desnuda y sin prejuicios como en ningún otro entorno.
Tiwanaku, la cuna de los Incas que hoy, se llaman ruinas cuando aún siguen desenterrando conocimientos y aprendiendo de Ellos.
Desde El salar de Uyuni, primera maravilla del mundo natural donde no existe ningún otro lugar en el mundo al que se pueda comparar para explicar lo que es eso, hasta La Paz, la capital más alta del mundo rodeada por monstruos gigantes, por inconmensurables picos nevados como el Ilimani y el Huayna Potosí separados del mar por más de 6 kilómetros.
Desde allí, el techo occidental del mundo (el otro es el Tíbet) se puede observar sin paradigmas, sin condicionamientos y hasta sin ojos el mundo tal y como es si uno se lo permite.

En mi estadía en el gran hotel boliviano, recibí la oportuna y tierna visita de mis papis; Silvia y Carlos. Con ellos recorrimos algunos lugares de Bolivia y cruzamos a Perú para hacer el peregrinaje ya trillado hasta Machupicchu.

Es muy interesante cuando uno viaja literalmente como un vagabundo y de repente, se encuentra durmiendo en una cama y comiendo en un plato sentado en una silla en vez de en el suelo; se siente… mmm… raro…

Agradezco la gentileza de mis papás de invitarme a viajar con ellos y dejarme conocer como viaja la gente como la gente; como príncipe aunque para ellos, el no tener agua caliente en todos los hospedajes y no ser atendidos con amabilidad, el tener que buscar ellos mismos el cambio para pagar en los hospedajes, etc, significó el “hacerle la cruz” al mundo andino.
Espero sepan recapacitar al respecto. Sobre todo papá… je je…

Todo este viaje ha sido motivo de aprendizaje y sobre todo, desaprendizaje.
Como escribí en el artículo “La sUciedad” lo más importante quizás, no sea lo que metemos en la cabeza sino, lo que hacemos salir, fluir desde el corazón, desde el alma.
Es mi intención, seguir en este camino por tiempo aún indeterminado, en esta rutina si se quiere llamar así, de desprogramación a través de admirar el mundo y su gente tal y como es, sin prejuicios, sin reglas e incluso, sin porqués bien demarcados o claros.




Fin del CAPÍTULO 3: BOLIVIA

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