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"Solamente los que arriesgan llegar demasiado lejos son los que descubren hasta dónde pueden llegar." T.S Elliot
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2 nov 2008
10 oct 2008
Reflexión sobre "La Ciudad"
Jason es quien ha invertido su tiempo en plasmar con palabras (muy penetrantes y sinceras) lo que muchos de nosotros pensamos, sentimos y hasta a veces, hasta nos damos cuenta....
Se dice que casi la mitad de la población mundial vive en ciudades, y que este porcentaje sólo se ampliará en tanto aumente el número de humanos.
La ciudad es otro medio natural, la forma más retorcida que ha encontrado la naturaleza de reinventarse a través de la destrucción en su fluctuante curso de ciclos y eras.
También es un modo con que la naturaleza, al dotarnos de esta abrumadora inteligencia, nos ha defendido de sí misma, de sus crueles designios.
¿Defendido? No del todo. Nos emplazó en un hábitat de meticulosos cálculos y rigurosas medidas, concebido por ella y cincelado por nuestra inteligencia; un complejo ecosistema en el que un solo género, una sola especie, es al mismo tiempo depredador y presa.
La ciudad es una prisión construida con los temores y las desconfianzas del hombre; un lugar donde todos somos obstáculos, donde la colaboración existe sólo en caso de necesidad, nunca por principio.
En la ciudad la gente no es más que un viento sin rostro que nos azota y nos empuja para nuestra mayor consternación diaria; siempre somos demasiados, y las desgracias nos rozan levemente el hombro para reventar después en algún punto del infinito sin que jamás sepamos de ello.
En la ciudad uno puede vivir y morir sin que haya más constancia de ello que un número de la seguridad social o un certificado de defunción. La soledad y el silencio vienen de una impetuosa estampida de frenéticos transeúntes, un océano tumultuoso de voces superpuestas que hablan el ininteligible idioma de la indiferencia.
La ciudad es la historia de un solo pueblo: el conquistador, el civilizado. La quejumbrosa carcasa que la sostiene entera es el pueblo vencido que, absorbido por ese destino impuesto, sobrevive el día escondiendo bajo el felpudo de hombre civilizado su derrotada identidad.
En la ciudad, la energía del hombre es el dinero. Aquel que absorbe más energía (de otros) es aquel que más goza de las suntuosas mieles del paraíso urbano. Los demás viven para trabajar, y trabajan para poder ganarse 100m² que puedan llamar suyos.
La ciudad: ¡donde el hombre trata de depositar toda la magnificencia de su saber! ¡Donde más se delata su falta de entendimiento. . .!
(Hacer click sobre las fotos para ampliarlas)

Pablo Rusiñol
Se dice que casi la mitad de la población mundial vive en ciudades, y que este porcentaje sólo se ampliará en tanto aumente el número de humanos.
La ciudad es otro medio natural, la forma más retorcida que ha encontrado la naturaleza de reinventarse a través de la destrucción en su fluctuante curso de ciclos y eras.
También es un modo con que la naturaleza, al dotarnos de esta abrumadora inteligencia, nos ha defendido de sí misma, de sus crueles designios.
¿Defendido? No del todo. Nos emplazó en un hábitat de meticulosos cálculos y rigurosas medidas, concebido por ella y cincelado por nuestra inteligencia; un complejo ecosistema en el que un solo género, una sola especie, es al mismo tiempo depredador y presa.
La ciudad es una prisión construida con los temores y las desconfianzas del hombre; un lugar donde todos somos obstáculos, donde la colaboración existe sólo en caso de necesidad, nunca por principio.
En la ciudad la gente no es más que un viento sin rostro que nos azota y nos empuja para nuestra mayor consternación diaria; siempre somos demasiados, y las desgracias nos rozan levemente el hombro para reventar después en algún punto del infinito sin que jamás sepamos de ello.
En la ciudad uno puede vivir y morir sin que haya más constancia de ello que un número de la seguridad social o un certificado de defunción. La soledad y el silencio vienen de una impetuosa estampida de frenéticos transeúntes, un océano tumultuoso de voces superpuestas que hablan el ininteligible idioma de la indiferencia.
La ciudad es la historia de un solo pueblo: el conquistador, el civilizado. La quejumbrosa carcasa que la sostiene entera es el pueblo vencido que, absorbido por ese destino impuesto, sobrevive el día escondiendo bajo el felpudo de hombre civilizado su derrotada identidad.
En la ciudad, la energía del hombre es el dinero. Aquel que absorbe más energía (de otros) es aquel que más goza de las suntuosas mieles del paraíso urbano. Los demás viven para trabajar, y trabajan para poder ganarse 100m² que puedan llamar suyos.
La ciudad: ¡donde el hombre trata de depositar toda la magnificencia de su saber! ¡Donde más se delata su falta de entendimiento. . .!
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8 oct 2008
GENTE
Hablar de la gente es complicado. Intentas establecer pautas y rápidamente surgen uno o varios casos que te las rompen. Es difícil hablar de la gente como individuos, como seres indivisibles que viven sus propias circunstancias y sus propias experiencias; que valoran las cosas a su modo y que llegan a determinadas conclusiones según el trayecto que sigan y cómo lo sigan…
La única forma de hallar pautas humanas es observando el comportamiento de una sociedad. Ahí sí, con bastante probabilidad, se vean conductas homogéneas, caracteres y posturas inducidos por una arrasante corriente masificada de individuos. En inglés existe el término “peer pressure”; en español esto se podría ver como la cultura del “qué dirán” por lo general es, un fenómeno de la sociedad o asociación humana, que varias mentes unidas se anulen total o parcialmente entre si; varias idiosincrasias se juntan para formar una sola y homogénea, y el peso de esta mole aplasta la heterogeneidad de la que nació.
De este modo, la sociedad crea gentíos, masas, muchedumbre, turbas, etc. Tenemos la opinión pública, la consternación general, huelgas, sindicatos, manifestaciones, revoluciones, levantamientos… En fin, fenómenos de tamaña fuerza casi de proporciones cataclísmicas, que provienen de la unión de cientos, o de miles, o de cientos de miles de individuos que – ora por seguridad, ora por temor a la gran mole – sacrifican su propia identidad para ser parte indiscernible de la tiranía del todo.
Pero entonces: ¿La gente?, ¿o las personas?, ¿o el individuo? ¿Quién es el individuo?
¿Dónde hallamos la humanidad del individuo al contemplar el entorno que ocupa?
Echando una mirada rápida vemos: rejas, alambrados, celosías, cercas, portones blindados, postigos… También vemos a individuos de traje y corbata absortos en agendas, celulares, relojes, computadoras…
Vemos individuos que caminan con la mirada opaca, perdida, marchita; que transitan por este mundo sin querer vivirlo, que miran solo para saber a donde han de ir, que miran para no tropezarse: como se suele decir, “que miran y no ven”.
Con esta información superficial que obtenemos del individuo en sociedad, no es de extrañar que todos nos desconfiemos, que nos temamos, que nos prejuzguemos tanto por haber llegado a la conclusión de que todos estamos sacados de un mismo patrón; no es de extrañar que nos veamos tan faltos de apoyo y de que tantos caigan, en medio de las masas de millones de oídos taponados, como el árbol del famoso proverbio en el bosque vacío.
Quizás entonces no quepa esperar nada de nadie, de ningún individuo, de la gente. Quizás jamás lleguemos a reconocer en el rostro de un extraño esa identidad individual, ese rasgo de ser indivisible que nos hace a todos humanos y miembros de un mismo y único género.
Pero viajando nos estamos forzando a descubrir excepciones a la regla; excepciones que parecen estar a la espera, apretadas en un capullo como pétalos de flor aguardando que algo las toque para poder salir y mostrar todo el aroma de sus puras intenciones, todo el color de su encanto, toda la forma orgánica y hermosa de su cálido corazón.
Porque esas ganas de hermandad, esas ganas de solidaridad, de librarse de la roñosería y la desconfianza para poder reconocerse en los demás y así poder amarlos y ser amado… Esas ganas respiran latentes detrás de rejas, celosías y postigos.
Y viajando lo hemos visto una y otra vez. Hemos soltado el apretado resorte del orgullo y nos hemos lanzado a pedir ayuda: ¡a los desconocidos! Hemos agachado la cabeza y nos hemos encomendado a la buena voluntad de los extraños. Y gracias a ello, ¡a cuánta gente maravillosa hemos conocido!: Rúben (Velásquez, Rocha), Alejandro Castillo (Lascano, Rocha), al matrimonio Parente (Alejandro y Silvia, Treinta y Tres), Marcelo “Capincho” Ruiz, Oscar Cuña y “El Pelao” (seccional cuarta de Treinta y Tres), a Ignacio Honegger, Roney Sosa, Fernando Sosa y Raquel (Melo, Cerro Largo), a Juan Pereira (Tacuarembó), a la familia Rivera-Rodríguez (Tacuarembó), a Daniel Ramírez, Julio Daniel Silva “el Cholo”, Neneko, al señor Peraza y al gran amigo John Mina (Estadio Municipal de Tacuarembó), a Nilba, Francisco Revilla, Aníbal Suárez-Lima (Tambores, Paysandú), al “Coco” Pereira, Carlos Sena, Luis y al señor Alfieri (Salto, Salto).
Y en general, pero no menos importante, a todos los dueños, encargados y empleados de comercios grandes y pequeños que sin pedir más a cambio que un simple gracias, nos dieron de lo que tenían.
Gracias a la solidaridad de toda esta gente que nos abrió sus rejas y postigos, seguimos viajando.
La única forma de hallar pautas humanas es observando el comportamiento de una sociedad. Ahí sí, con bastante probabilidad, se vean conductas homogéneas, caracteres y posturas inducidos por una arrasante corriente masificada de individuos. En inglés existe el término “peer pressure”; en español esto se podría ver como la cultura del “qué dirán” por lo general es, un fenómeno de la sociedad o asociación humana, que varias mentes unidas se anulen total o parcialmente entre si; varias idiosincrasias se juntan para formar una sola y homogénea, y el peso de esta mole aplasta la heterogeneidad de la que nació.
De este modo, la sociedad crea gentíos, masas, muchedumbre, turbas, etc. Tenemos la opinión pública, la consternación general, huelgas, sindicatos, manifestaciones, revoluciones, levantamientos… En fin, fenómenos de tamaña fuerza casi de proporciones cataclísmicas, que provienen de la unión de cientos, o de miles, o de cientos de miles de individuos que – ora por seguridad, ora por temor a la gran mole – sacrifican su propia identidad para ser parte indiscernible de la tiranía del todo.
Pero entonces: ¿La gente?, ¿o las personas?, ¿o el individuo? ¿Quién es el individuo?
¿Dónde hallamos la humanidad del individuo al contemplar el entorno que ocupa?
Echando una mirada rápida vemos: rejas, alambrados, celosías, cercas, portones blindados, postigos… También vemos a individuos de traje y corbata absortos en agendas, celulares, relojes, computadoras…
Vemos individuos que caminan con la mirada opaca, perdida, marchita; que transitan por este mundo sin querer vivirlo, que miran solo para saber a donde han de ir, que miran para no tropezarse: como se suele decir, “que miran y no ven”.
Con esta información superficial que obtenemos del individuo en sociedad, no es de extrañar que todos nos desconfiemos, que nos temamos, que nos prejuzguemos tanto por haber llegado a la conclusión de que todos estamos sacados de un mismo patrón; no es de extrañar que nos veamos tan faltos de apoyo y de que tantos caigan, en medio de las masas de millones de oídos taponados, como el árbol del famoso proverbio en el bosque vacío.
Quizás entonces no quepa esperar nada de nadie, de ningún individuo, de la gente. Quizás jamás lleguemos a reconocer en el rostro de un extraño esa identidad individual, ese rasgo de ser indivisible que nos hace a todos humanos y miembros de un mismo y único género.
Pero viajando nos estamos forzando a descubrir excepciones a la regla; excepciones que parecen estar a la espera, apretadas en un capullo como pétalos de flor aguardando que algo las toque para poder salir y mostrar todo el aroma de sus puras intenciones, todo el color de su encanto, toda la forma orgánica y hermosa de su cálido corazón.
Porque esas ganas de hermandad, esas ganas de solidaridad, de librarse de la roñosería y la desconfianza para poder reconocerse en los demás y así poder amarlos y ser amado… Esas ganas respiran latentes detrás de rejas, celosías y postigos.
Y viajando lo hemos visto una y otra vez. Hemos soltado el apretado resorte del orgullo y nos hemos lanzado a pedir ayuda: ¡a los desconocidos! Hemos agachado la cabeza y nos hemos encomendado a la buena voluntad de los extraños. Y gracias a ello, ¡a cuánta gente maravillosa hemos conocido!: Rúben (Velásquez, Rocha), Alejandro Castillo (Lascano, Rocha), al matrimonio Parente (Alejandro y Silvia, Treinta y Tres), Marcelo “Capincho” Ruiz, Oscar Cuña y “El Pelao” (seccional cuarta de Treinta y Tres), a Ignacio Honegger, Roney Sosa, Fernando Sosa y Raquel (Melo, Cerro Largo), a Juan Pereira (Tacuarembó), a la familia Rivera-Rodríguez (Tacuarembó), a Daniel Ramírez, Julio Daniel Silva “el Cholo”, Neneko, al señor Peraza y al gran amigo John Mina (Estadio Municipal de Tacuarembó), a Nilba, Francisco Revilla, Aníbal Suárez-Lima (Tambores, Paysandú), al “Coco” Pereira, Carlos Sena, Luis y al señor Alfieri (Salto, Salto).
Y en general, pero no menos importante, a todos los dueños, encargados y empleados de comercios grandes y pequeños que sin pedir más a cambio que un simple gracias, nos dieron de lo que tenían.
Gracias a la solidaridad de toda esta gente que nos abrió sus rejas y postigos, seguimos viajando.
26 jul 2008
VIAJE POR AMÉRICA EN BICICLETA
Una aventura de descubrimiento cultural y ontológico
¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestro propósito?
Primero, como en toda presentación, diremos nuestros nombres: Jazmín Muñoz (23 años, chilena), Pablo Rusiñol (27 años, uruguayo) y Jason Cornett (32 años, español). Nos conocimos en los Estados Unidos en diferentes épocas y circunstancias, y ya por casualidad o bien porque inconscientemente buscábamos lo mismo, se propició lo necesario para que los tres diésemos este paso en conjunto. La decisión de primeras no fue para nada fácil de tomar, pues ésta implicaba (e implica) el abandonarlo todo – seres y lugares queridos, proyectos, comodidades, etc. – y lanzarse de pleno a un viaje de gran exigencia física, mental y, sobre todo, emocional. Sin ánimos de arrogancia, reconocemos el valor y la determinación de esta decisión que nos conduce inevitablemente a dejar atrás la seguridad del hogar, para dar un salto al vacío de la exploración y la búsqueda personal mediante la lucha con el entorno, con las barreras culturales y, lo más importante de todo, con uno mismo.
Con este blog, nos gustaría plantear si en realidad obramos consecuentemente al ir precipitándonos por la vida sin concedernos la oportunidad (al menos una vez) de formarnos como personas al margen de órganos académicos, estatutos sociales o tan siquiera influencias familiares. No por ello menospreciamos, ni mucho menos, la aportación de la educación, la sociedad o la propia familia, al enriquecimiento personal de cada uno. La idea es simplemente analizar de un modo individual y libre de prejuicios, quiénes somos y en qué mundo vivimos.
Esperamos que en la medida que este viaje nos ilumine a través del contacto con otras culturas, otras apreciaciones y otros entendimientos (lo cual reflejará ángulos ciegos de nuestra propia idiosincrasia, nuestra propia mente), podamos mostrar, a quienes lo deseen, un atisbo del maravilloso y colorido patrimonio de ese mundo infinito que se nos oculta detrás del escenario unidimensional de la seguridad automatizada y del seguir al pie de la letra las instrucciones del manual.
En resumen, el material que iremos disponiendo en el blog documentará un viaje con sed de conocimientos culturales, humanos, naturales y, ante todo, personales. Ojalá este material cale lo suficientemente hondo para que más de uno apague el televisor y comience, aunque sea a través de la lectura, una búsqueda similar.
Trayecto
A pesar de que este viaje está claramente sujeto a toda clase de imprevistos, la idea es llegar en bicicleta hasta Estados Unidos desde Uruguay. Aún está por ver si todo este trayecto se completará en bicicleta o en otros medios terrestres. Hasta el momento, sólo tenemos planeado un primer trecho de aproximadamente 2300km que va desde Montevideo (Uruguay) hasta Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), pasando por los siguientes países y regiones:
Uruguay: Montevideo, Maldonado, Rocha, Treinta y Tres, Tacuarembó y Salto.
Argentina: Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán y Salta.
Bolivia: Tarija y Santa Cruz.
Volvemos a aclarar que, por la naturaleza del viaje, puede haber numerosos cambios en su transcurso. Si lo que intentamos es ver el mundo con una óptica liberada de cánones prescritos, poco coherente sería que nos atásemos a itinerarios y horarios rígidos.
¿Qué nos llevamos?
Como dijo en su día el sabio cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa: “No eches en la maleta lo que no vayas a usar, son más largos los caminos p´al que va cargao de más.” ¡Y qué viajero podría desoír palabras tan cabales! Así que nos tendremos que aplicar el principio y llevarla para adelante con lo justo y necesario para rendir en cada metro del recorrido; en definitiva, nos vamos con lo puesto.
Con este axioma de la carretera, iniciamos la primera parte del largo curso de aprendizaje personal: ¿Qué necesito para vivir? Esperemos que las enseñanzas del camino nos proporcionen una respuesta satisfactoria.
Y ahora, sin más dilación, presentamos la lista de los bártulos que nos llevamos por si a alguien le interesa:
Herramientas y repuestos de la bicicleta: herramienta multiusos ParkTool (22 herramientas) para arreglos básicos, dos cámaras, un juego de cables de frenos (delanteros y traseros), un juego de cables de cambios, un ojo de gato intermitente.
Utensilios de cocina: cocinilla Primus (con bomba de repuesto y botella de combustible de 975 ml), una olla de aluminio (de unos 20 cm de diámetro) con cubierta y mango para cumplir funciones de sartén, una cuchara grande de servir, un cuchillo de caza pequeño (para cortar), una tabla de picar de plástico, tres cucharas soperas, una vaporera (para hacer verduras al vapor), un paño, una esponja para fregar, una palangana.
Habitación y cama: un iglú para 2 personas (200x100 cm. Altura: 100 cm); un iglú para 3 personas (274x213 cm. Altura: 121’9 cm); lona marina o toldo (3x3 m) con cuatro estacas adicionales; tres sacos de dormir (de -20º); tres colchonetas o aislantes EVA (180x50x0’8 cm).
Ropa (cada uno): un prenda grande de abrigo, traje completo de lluvia, dos buzos o jerseys, tres camisetas o poleras, un bañador o short, tres prendas de ropa interior, tres pares de medias o calcetines, un par de chancletas o chalas, un par de zapatillas o championes, un par de toallas de mano.
Botiquín: agua oxigenada (100ml), tiritas o curitas, algodón, aspirina, Ibuprofeno, gotita pega-todo, vendas, un juego pequeño para picaduras de serpientes, repelente, pinzas, potabilizador de hipoclorito de sodio (1 gota por litro).
Comida (o alacena para cubrir imprevistos): 1kg de arroz integral, 1kg de quínoa, 1/2kg de mijo, 250g de algas variadas, 6 litros de agua,. (Nuestra dieta es totalmente vegetariana).
Miscelánea: un mapa de Sudamérica, seis mochilas comunes (para las alforjas), bolsas de basura (70x100cm) para proteger las mochilas-alforja de la lluvia, neceser de aseo, catorce pulpos de un metro, dos cuerdas (de 10 y 35m respectivamente), un machete, cordón metálico de 3m para atar las bicicletas, cinta pato (americana), jabón de ropa (lagarto), encendedores, fósforos, tres linternas (frontales), cámara digital Canon SD-300 (con dos memorias de 1gb cada una), un pendrive de 1gb, dos baterías, y material de escritura y lectura.
Preparación del equipo y las bicicletas
Esta ha sido indiscutiblemente la parte más complicada hasta el momento. A pesar de que la concepción del viaje apunta a llevar lo justo y necesario, el cómo hacerlo en tres bicicletas no es un asunto de fácil resolución. Hasta la fecha nos está llevando más de cuatro meses, desde el mismo día en que compramos las bicicletas. Pasamos a recapitular:
Nos compramos tres bicicletas GT Nomad del año 2008, cada una con una medida diferente en función del usuario. En esta fase, Pablo fue el único miembro activo, ya que los demás estábamos aún en nuestros respectivos países.
Después de la compra de las bicicletas, tuvimos que meditar el delicado asunto de qué incorporarles para poder llevar todo el equipo. En principio descartamos, erróneamente, la idea de poner alforjas y apostamos, erróneamente de nuevo, por instalar una parrilla con respaldo para atar a éste una sola mochila con todo el ajuar común y personal. La fabricación de estas parrillas corrió a cargo de Jorge, herrero y amigo de la familia Rusiñol-Moreno.
Cuando ya nos reunimos todos en Uruguay, hicimos una prueba sobre el terreno: cargamos las tres mochilas, instalamos cada cual en su respectiva bicicleta, y salimos a dar una vuelta corta. El resultado fue que, como los bultos eran demasiado altos y estaban colocados muy por encima del centro de equilibrio, el cimbreo que producían quitaba mucha estabilidad a las bicicletas.
En segundo lugar, el peso era abrumador. Cada cual llevaba atrás un promedio de veinte kilos. De modo que nos pusimos a seleccionar y a dejar todo lo que no fuera imprescindible. Esto nos dejó con los sobres de dormir, unas pocas mudas de cada artículo de ropa, una pieza grande de abrigo, los utensilios justos para cocinar, la cocinilla Primus, dos carpas, una lona 3x3, un machete, un botiquín (bastante exiguo), una cuerda de unos 10 metros, y los artículos personales de cada uno (libros, cuadernos de notas, aseo, etc.). Todo esto, y aparte, cómo no, la comida y el agua, de lo cual aún no habíamos hecho el menor cálculo.
En este punto, decidimos documentarnos por Internet sobre viajes como el nuestro. La idea, claramente, era saber cómo lo habían hecho otros. Y fue entonces que descubrimos cuán sumamente cruciales son las alforjas. Por fortuna, tras examinar muchas fotos, vimos a su vez que la estructura que ya teníamos se asemejaba bastante a lo que buscábamos. Eso nos ahorraba el tener que comprar alforjas y parrillas, cuyo elevado precio evidencia su falta de demanda en tierras orientales. Así que ideamos un sistema de alforjas con mochilas corrientes. La idea es muy simple: sólo pasando las asas por el segundo barrote de la parrilla, cada mochila quedaba colgando con muy buena sujeción y sin moverse demasiado. El único inconveniente fue que el extremo inferior derecho de cada mochila se acercaba con demasiado peligro a los radios de la rueda. Para evitarlo, diseñamos un refuerzo en forma de “u” cerrada que, partiendo desde una segunda entrada de tornillo en el cuadro de la bicicleta a la altura del pase del eje de la rueda, iría en diagonal hacia la parte superior de la misma, la pasaría por arriba para ajustarse en el lado opuesto, y tendría un punto de unión con la parte trasera de la parrilla (por medio de un barrote fino de unos 20 cm soldado al exterior de la base de la “u”) para que, al mismo tiempo, sirviera como segundo punto de apoyo del peso que ésta iba a portar y que hasta el momento recaía todo en un par de tornillos. La explicación es bastante complicada. Seguramente las fotos ilustren mejor este gran diseño de cosecha propia.
Además, concebimos un porta-botellas que tuviese capacidad para botellas de 2 litros. Esto no supuso demasiadas complicaciones. El diseño consistía tan sólo en una lámina estrecha y gruesa atornillada a donde iría el porta-botellas común, y doblada en el extremo inferior en ángulo de 90º para hacer de soporte al culo de la botella; y entre los tornillos, una lámina soldada con forma semicircular que sirviera para encajar la botella por el lado superior.
Esta idea se la llevamos al mismo herrero que nos hizo las parrillas con respaldo. Sin cobrarnos, nos hizo el refuerzo con forma de “u”; pero el barrote que debía unirse con la parte trasera de la parrilla le quedó muy corto, lo cual hacía inútil el resto del diseño al no cubrir la suficiente superficie de la rueda para mantener las mochilas separadas de los radios. Tampoco nos hizo los porta-botellas.
Para no importunarlo más (ya se había portado muy bien con nosotros sin reportarle demasiados beneficios), llevamos las bicicletas a otro herrero, Quico, quien nos ofreció ir a su taller para ayudarle con todos los ajustes. Y así fue que en una tarde no solamente resolvimos óptimamente cada problema del refuerzo adicional e instalamos los fabulosos porta-botellas, sino que también nos libramos de casi un kilo y medio de peso al deshacernos de los respaldos originales y eliminar el barrote del medio de las parrillas para usarlo para unir los refuerzos. Lo mejor de todo es que al preguntarle cuánto era todo, nos respondió simplemente: “Nada. Pásenlo bien, muchachos.”
Después de este trámite, pasamos a desarmar las bicicletas y a pintar los cuadros y las parrillas con una pintura negra mate, siempre observando un descuido que rebajara la despampanante estética de nuestras flamantes GT.
Con la pintura ya seca y las bicicletas montadas, armamos todo el equipo y volvimos a salir a dar una vuelta de prueba. En esta ocasión, el tema del equilibrio no fue un problema pero sí el del peso, que oprimía alarmantemente las ruedas traseras. Una vez más, editamos el inventario de material y lo redujimos básicamente a la mitad.
Finalmente, llevamos las bicicletas a la casa GT de Montevideo para que les hicieran la puesta a punto. Asimismo, compramos tres esenciales espejos retrovisores para el lado izquierdo del manillar. Esperemos que nos eviten muchos disgustos.
Agradecimientos
En realidad esta sección debería ser la primera por justicia, pero quizá, en esto de la composición del blog, sí tengamos que seguir el orden preestablecido (presentación, qué vamos a hacer, por qué y cómo, y finalmente, los agradecimientos). Digo que es lo justo, porque el verdadero sustento del viaje es sin duda el calor, la generosidad y la simpatía que la gente nos ha mostrado, nos está mostrando y seguramente nos mostrará.
Una vez aclarado esto, pasemos directamente a los primeros agradecimientos:
A Carlos y Silvia: por recibirnos y prestarnos su casa durante la larga y tortuosa etapa de preparación. Imposible encontrar el modo de agradecerles tanta generosidad y paciencia.
A Antonio y Susana: por su gran hospitalidad, su deliciosa cocina, y su inestimable guía. Gracias por compartir tanto por tan poco.
A Irene: por tener la generosa voluntad de crear y mantener el blog del viaje. Sin ti no tendríamos un cable a tierra, un Houston al que enviar problemas.
A Monchi: por trasmitirnos conocimientos de viaje y geografía de incalculable valor, y servirnos de inigualable inspiración. Tú diste los primeros pasos por todos nosotros.
A Quico y Carlos: por ofrecernos sus excelentes servicios de herrería sin pedir nada a cambio. Les agradecemos el enseñarnos que los desconocidos no son extraños.
A Jorge: por hacernos las maravillosas parrillas y refuerzos a un precio simbólico. Mil gracias por la paciencia que nos tuviste y el tiempo que nos dedicaste.
A Marcos (en Arlington, VA): por su cálida amistad y generosa ayuda al enviarnos la importantísima cocinilla Primus y las baterías de la cámara digital, y sumergirse en pesquisas para averiguarnos rutas viables. Te mandamos un fuerte abrazo, ¡surcador de las Américas!
A la abuela Nilsa: por ser la abuela de todos, cosernos los bolsillos para el dinero, y deleitarnos con sus salsas. Gracias por consentirnos como nadie.
A Susana Moreno: por hacernos una puesta a punto bucal gratuita. Quién sabe, tal vez deberías crear una ONG con servicios gratis de odontología para viajeros.
A Juan José Tobías de Motociclo: por su valiosa ayuda con los repuestos de las bicicletas. ¿Qué habríamos hecho sin ti, aventurero urbano?
Lo siguiente, son agradecimientos y dedicatorias personales de cada miembro a aquellas personas en que han encontrado apoyo e inspiración:
Jason: primero dedico este viaje a mis hermanos, Johnny y Cristina, por ofrecerme el calor y la luz inagotables del afecto más puro y sincero; a la familia Fernández-Romero, y especialmente a Cathy, por haberme ayudado tanto cuando más lo necesité; a mi familia en España, por no haberme cerrado nunca las puertas de su cariño; a mi amigo Nono, a quien felicito por el reciente nacimiento de su hijo Mateo, por haberme brindado una amistad imperecedera tanto en la cercanía como en la distancia; a mi amigo Alex, por mostrarme la misma fidelidad que Nono a pesar de mis grandes negligencias; y en general, a todas las personas que se han cruzado conmigo a lo largo de la vida, por haber aportado vuestro granito de arena en la construcción de este que soy en la actualidad, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte. . .
Pero, concretamente, me gustaría dedicar este viaje a las tres personas que más me han marcado hasta ahora: mi madre, por darme un amor tan sólido y firme como la tierra que piso; mi padre, por haberme inculcado la humanidad de un poeta; Irene, por haber hecho de mí una mejor persona al enseñarme lo simple y hermosa que es la vida.
Gracias a todos por lo que me dais y por lo que me habéis dado. Va conmigo allá donde esté. . .
¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestro propósito?
Primero, como en toda presentación, diremos nuestros nombres: Jazmín Muñoz (23 años, chilena), Pablo Rusiñol (27 años, uruguayo) y Jason Cornett (32 años, español). Nos conocimos en los Estados Unidos en diferentes épocas y circunstancias, y ya por casualidad o bien porque inconscientemente buscábamos lo mismo, se propició lo necesario para que los tres diésemos este paso en conjunto. La decisión de primeras no fue para nada fácil de tomar, pues ésta implicaba (e implica) el abandonarlo todo – seres y lugares queridos, proyectos, comodidades, etc. – y lanzarse de pleno a un viaje de gran exigencia física, mental y, sobre todo, emocional. Sin ánimos de arrogancia, reconocemos el valor y la determinación de esta decisión que nos conduce inevitablemente a dejar atrás la seguridad del hogar, para dar un salto al vacío de la exploración y la búsqueda personal mediante la lucha con el entorno, con las barreras culturales y, lo más importante de todo, con uno mismo.
Con este blog, nos gustaría plantear si en realidad obramos consecuentemente al ir precipitándonos por la vida sin concedernos la oportunidad (al menos una vez) de formarnos como personas al margen de órganos académicos, estatutos sociales o tan siquiera influencias familiares. No por ello menospreciamos, ni mucho menos, la aportación de la educación, la sociedad o la propia familia, al enriquecimiento personal de cada uno. La idea es simplemente analizar de un modo individual y libre de prejuicios, quiénes somos y en qué mundo vivimos.
Esperamos que en la medida que este viaje nos ilumine a través del contacto con otras culturas, otras apreciaciones y otros entendimientos (lo cual reflejará ángulos ciegos de nuestra propia idiosincrasia, nuestra propia mente), podamos mostrar, a quienes lo deseen, un atisbo del maravilloso y colorido patrimonio de ese mundo infinito que se nos oculta detrás del escenario unidimensional de la seguridad automatizada y del seguir al pie de la letra las instrucciones del manual.
En resumen, el material que iremos disponiendo en el blog documentará un viaje con sed de conocimientos culturales, humanos, naturales y, ante todo, personales. Ojalá este material cale lo suficientemente hondo para que más de uno apague el televisor y comience, aunque sea a través de la lectura, una búsqueda similar.
Trayecto
A pesar de que este viaje está claramente sujeto a toda clase de imprevistos, la idea es llegar en bicicleta hasta Estados Unidos desde Uruguay. Aún está por ver si todo este trayecto se completará en bicicleta o en otros medios terrestres. Hasta el momento, sólo tenemos planeado un primer trecho de aproximadamente 2300km que va desde Montevideo (Uruguay) hasta Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), pasando por los siguientes países y regiones:
Uruguay: Montevideo, Maldonado, Rocha, Treinta y Tres, Tacuarembó y Salto.
Argentina: Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán y Salta.
Bolivia: Tarija y Santa Cruz.
Volvemos a aclarar que, por la naturaleza del viaje, puede haber numerosos cambios en su transcurso. Si lo que intentamos es ver el mundo con una óptica liberada de cánones prescritos, poco coherente sería que nos atásemos a itinerarios y horarios rígidos.
¿Qué nos llevamos?
Como dijo en su día el sabio cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa: “No eches en la maleta lo que no vayas a usar, son más largos los caminos p´al que va cargao de más.” ¡Y qué viajero podría desoír palabras tan cabales! Así que nos tendremos que aplicar el principio y llevarla para adelante con lo justo y necesario para rendir en cada metro del recorrido; en definitiva, nos vamos con lo puesto.
Con este axioma de la carretera, iniciamos la primera parte del largo curso de aprendizaje personal: ¿Qué necesito para vivir? Esperemos que las enseñanzas del camino nos proporcionen una respuesta satisfactoria.
Y ahora, sin más dilación, presentamos la lista de los bártulos que nos llevamos por si a alguien le interesa:
Herramientas y repuestos de la bicicleta: herramienta multiusos ParkTool (22 herramientas) para arreglos básicos, dos cámaras, un juego de cables de frenos (delanteros y traseros), un juego de cables de cambios, un ojo de gato intermitente.
Utensilios de cocina: cocinilla Primus (con bomba de repuesto y botella de combustible de 975 ml), una olla de aluminio (de unos 20 cm de diámetro) con cubierta y mango para cumplir funciones de sartén, una cuchara grande de servir, un cuchillo de caza pequeño (para cortar), una tabla de picar de plástico, tres cucharas soperas, una vaporera (para hacer verduras al vapor), un paño, una esponja para fregar, una palangana.
Habitación y cama: un iglú para 2 personas (200x100 cm. Altura: 100 cm); un iglú para 3 personas (274x213 cm. Altura: 121’9 cm); lona marina o toldo (3x3 m) con cuatro estacas adicionales; tres sacos de dormir (de -20º); tres colchonetas o aislantes EVA (180x50x0’8 cm).
Ropa (cada uno): un prenda grande de abrigo, traje completo de lluvia, dos buzos o jerseys, tres camisetas o poleras, un bañador o short, tres prendas de ropa interior, tres pares de medias o calcetines, un par de chancletas o chalas, un par de zapatillas o championes, un par de toallas de mano.
Botiquín: agua oxigenada (100ml), tiritas o curitas, algodón, aspirina, Ibuprofeno, gotita pega-todo, vendas, un juego pequeño para picaduras de serpientes, repelente, pinzas, potabilizador de hipoclorito de sodio (1 gota por litro).
Comida (o alacena para cubrir imprevistos): 1kg de arroz integral, 1kg de quínoa, 1/2kg de mijo, 250g de algas variadas, 6 litros de agua,. (Nuestra dieta es totalmente vegetariana).
Miscelánea: un mapa de Sudamérica, seis mochilas comunes (para las alforjas), bolsas de basura (70x100cm) para proteger las mochilas-alforja de la lluvia, neceser de aseo, catorce pulpos de un metro, dos cuerdas (de 10 y 35m respectivamente), un machete, cordón metálico de 3m para atar las bicicletas, cinta pato (americana), jabón de ropa (lagarto), encendedores, fósforos, tres linternas (frontales), cámara digital Canon SD-300 (con dos memorias de 1gb cada una), un pendrive de 1gb, dos baterías, y material de escritura y lectura.
Preparación del equipo y las bicicletas
Esta ha sido indiscutiblemente la parte más complicada hasta el momento. A pesar de que la concepción del viaje apunta a llevar lo justo y necesario, el cómo hacerlo en tres bicicletas no es un asunto de fácil resolución. Hasta la fecha nos está llevando más de cuatro meses, desde el mismo día en que compramos las bicicletas. Pasamos a recapitular:
Nos compramos tres bicicletas GT Nomad del año 2008, cada una con una medida diferente en función del usuario. En esta fase, Pablo fue el único miembro activo, ya que los demás estábamos aún en nuestros respectivos países.
Después de la compra de las bicicletas, tuvimos que meditar el delicado asunto de qué incorporarles para poder llevar todo el equipo. En principio descartamos, erróneamente, la idea de poner alforjas y apostamos, erróneamente de nuevo, por instalar una parrilla con respaldo para atar a éste una sola mochila con todo el ajuar común y personal. La fabricación de estas parrillas corrió a cargo de Jorge, herrero y amigo de la familia Rusiñol-Moreno.
Cuando ya nos reunimos todos en Uruguay, hicimos una prueba sobre el terreno: cargamos las tres mochilas, instalamos cada cual en su respectiva bicicleta, y salimos a dar una vuelta corta. El resultado fue que, como los bultos eran demasiado altos y estaban colocados muy por encima del centro de equilibrio, el cimbreo que producían quitaba mucha estabilidad a las bicicletas.
En segundo lugar, el peso era abrumador. Cada cual llevaba atrás un promedio de veinte kilos. De modo que nos pusimos a seleccionar y a dejar todo lo que no fuera imprescindible. Esto nos dejó con los sobres de dormir, unas pocas mudas de cada artículo de ropa, una pieza grande de abrigo, los utensilios justos para cocinar, la cocinilla Primus, dos carpas, una lona 3x3, un machete, un botiquín (bastante exiguo), una cuerda de unos 10 metros, y los artículos personales de cada uno (libros, cuadernos de notas, aseo, etc.). Todo esto, y aparte, cómo no, la comida y el agua, de lo cual aún no habíamos hecho el menor cálculo.
En este punto, decidimos documentarnos por Internet sobre viajes como el nuestro. La idea, claramente, era saber cómo lo habían hecho otros. Y fue entonces que descubrimos cuán sumamente cruciales son las alforjas. Por fortuna, tras examinar muchas fotos, vimos a su vez que la estructura que ya teníamos se asemejaba bastante a lo que buscábamos. Eso nos ahorraba el tener que comprar alforjas y parrillas, cuyo elevado precio evidencia su falta de demanda en tierras orientales. Así que ideamos un sistema de alforjas con mochilas corrientes. La idea es muy simple: sólo pasando las asas por el segundo barrote de la parrilla, cada mochila quedaba colgando con muy buena sujeción y sin moverse demasiado. El único inconveniente fue que el extremo inferior derecho de cada mochila se acercaba con demasiado peligro a los radios de la rueda. Para evitarlo, diseñamos un refuerzo en forma de “u” cerrada que, partiendo desde una segunda entrada de tornillo en el cuadro de la bicicleta a la altura del pase del eje de la rueda, iría en diagonal hacia la parte superior de la misma, la pasaría por arriba para ajustarse en el lado opuesto, y tendría un punto de unión con la parte trasera de la parrilla (por medio de un barrote fino de unos 20 cm soldado al exterior de la base de la “u”) para que, al mismo tiempo, sirviera como segundo punto de apoyo del peso que ésta iba a portar y que hasta el momento recaía todo en un par de tornillos. La explicación es bastante complicada. Seguramente las fotos ilustren mejor este gran diseño de cosecha propia.
Además, concebimos un porta-botellas que tuviese capacidad para botellas de 2 litros. Esto no supuso demasiadas complicaciones. El diseño consistía tan sólo en una lámina estrecha y gruesa atornillada a donde iría el porta-botellas común, y doblada en el extremo inferior en ángulo de 90º para hacer de soporte al culo de la botella; y entre los tornillos, una lámina soldada con forma semicircular que sirviera para encajar la botella por el lado superior.
Esta idea se la llevamos al mismo herrero que nos hizo las parrillas con respaldo. Sin cobrarnos, nos hizo el refuerzo con forma de “u”; pero el barrote que debía unirse con la parte trasera de la parrilla le quedó muy corto, lo cual hacía inútil el resto del diseño al no cubrir la suficiente superficie de la rueda para mantener las mochilas separadas de los radios. Tampoco nos hizo los porta-botellas.
Para no importunarlo más (ya se había portado muy bien con nosotros sin reportarle demasiados beneficios), llevamos las bicicletas a otro herrero, Quico, quien nos ofreció ir a su taller para ayudarle con todos los ajustes. Y así fue que en una tarde no solamente resolvimos óptimamente cada problema del refuerzo adicional e instalamos los fabulosos porta-botellas, sino que también nos libramos de casi un kilo y medio de peso al deshacernos de los respaldos originales y eliminar el barrote del medio de las parrillas para usarlo para unir los refuerzos. Lo mejor de todo es que al preguntarle cuánto era todo, nos respondió simplemente: “Nada. Pásenlo bien, muchachos.”
Después de este trámite, pasamos a desarmar las bicicletas y a pintar los cuadros y las parrillas con una pintura negra mate, siempre observando un descuido que rebajara la despampanante estética de nuestras flamantes GT.
Con la pintura ya seca y las bicicletas montadas, armamos todo el equipo y volvimos a salir a dar una vuelta de prueba. En esta ocasión, el tema del equilibrio no fue un problema pero sí el del peso, que oprimía alarmantemente las ruedas traseras. Una vez más, editamos el inventario de material y lo redujimos básicamente a la mitad.
Finalmente, llevamos las bicicletas a la casa GT de Montevideo para que les hicieran la puesta a punto. Asimismo, compramos tres esenciales espejos retrovisores para el lado izquierdo del manillar. Esperemos que nos eviten muchos disgustos.
Agradecimientos
En realidad esta sección debería ser la primera por justicia, pero quizá, en esto de la composición del blog, sí tengamos que seguir el orden preestablecido (presentación, qué vamos a hacer, por qué y cómo, y finalmente, los agradecimientos). Digo que es lo justo, porque el verdadero sustento del viaje es sin duda el calor, la generosidad y la simpatía que la gente nos ha mostrado, nos está mostrando y seguramente nos mostrará.
Una vez aclarado esto, pasemos directamente a los primeros agradecimientos:
A Carlos y Silvia: por recibirnos y prestarnos su casa durante la larga y tortuosa etapa de preparación. Imposible encontrar el modo de agradecerles tanta generosidad y paciencia.
A Antonio y Susana: por su gran hospitalidad, su deliciosa cocina, y su inestimable guía. Gracias por compartir tanto por tan poco.
A Irene: por tener la generosa voluntad de crear y mantener el blog del viaje. Sin ti no tendríamos un cable a tierra, un Houston al que enviar problemas.
A Monchi: por trasmitirnos conocimientos de viaje y geografía de incalculable valor, y servirnos de inigualable inspiración. Tú diste los primeros pasos por todos nosotros.
A Quico y Carlos: por ofrecernos sus excelentes servicios de herrería sin pedir nada a cambio. Les agradecemos el enseñarnos que los desconocidos no son extraños.
A Jorge: por hacernos las maravillosas parrillas y refuerzos a un precio simbólico. Mil gracias por la paciencia que nos tuviste y el tiempo que nos dedicaste.
A Marcos (en Arlington, VA): por su cálida amistad y generosa ayuda al enviarnos la importantísima cocinilla Primus y las baterías de la cámara digital, y sumergirse en pesquisas para averiguarnos rutas viables. Te mandamos un fuerte abrazo, ¡surcador de las Américas!
A la abuela Nilsa: por ser la abuela de todos, cosernos los bolsillos para el dinero, y deleitarnos con sus salsas. Gracias por consentirnos como nadie.
A Susana Moreno: por hacernos una puesta a punto bucal gratuita. Quién sabe, tal vez deberías crear una ONG con servicios gratis de odontología para viajeros.
A Juan José Tobías de Motociclo: por su valiosa ayuda con los repuestos de las bicicletas. ¿Qué habríamos hecho sin ti, aventurero urbano?
Lo siguiente, son agradecimientos y dedicatorias personales de cada miembro a aquellas personas en que han encontrado apoyo e inspiración:
Jason: primero dedico este viaje a mis hermanos, Johnny y Cristina, por ofrecerme el calor y la luz inagotables del afecto más puro y sincero; a la familia Fernández-Romero, y especialmente a Cathy, por haberme ayudado tanto cuando más lo necesité; a mi familia en España, por no haberme cerrado nunca las puertas de su cariño; a mi amigo Nono, a quien felicito por el reciente nacimiento de su hijo Mateo, por haberme brindado una amistad imperecedera tanto en la cercanía como en la distancia; a mi amigo Alex, por mostrarme la misma fidelidad que Nono a pesar de mis grandes negligencias; y en general, a todas las personas que se han cruzado conmigo a lo largo de la vida, por haber aportado vuestro granito de arena en la construcción de este que soy en la actualidad, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte. . .
Pero, concretamente, me gustaría dedicar este viaje a las tres personas que más me han marcado hasta ahora: mi madre, por darme un amor tan sólido y firme como la tierra que piso; mi padre, por haberme inculcado la humanidad de un poeta; Irene, por haber hecho de mí una mejor persona al enseñarme lo simple y hermosa que es la vida.
Gracias a todos por lo que me dais y por lo que me habéis dado. Va conmigo allá donde esté. . .
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