3 jun 2010

CAPÍTULO 7: CENTRO AMÉRICA (I) Panamá – Golfito (Costa Rica)

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Continuación del capítulo anterior Ecuador - Panamá


Hacer click sobre las fotos para agrandarlas y recordar que 
hay un link a la derecha arriba par ver varios videos

Reconozco que aunque en el fondo de mí, hay algo que me impulsa a compartir, a contarles detalladamente lo que vivo a diario, a celebrar con ustedes estas más de 7100 visitas al blog, me encuentro a veces sin mucho tiempo para escribir, sin mucha voluntad, en definitiva, de dejar de compartir, de intercambiar trozos de vida con quienes me codeo a diario y esto resulta en un día como hoy, en el que me siento "culpable" y algo dentro de mí me anuncia que ya es tiempo de escribirlo, de hacerlo historia y contarles tantas cosas… Por ejemplo, hoy ya 2 años exactamente han pasado desde la partida de Montevideo, (31 de julio de 2008 al 31 de julio de 2010).

Resumiendo, para no escribir pueblo por pueblo; he pedaleado 6480,5 kilómetros, he usado algún tipo de transporte motorizado (a lo que yo le llamo "pecado") en una extensión total de 3149,5 kilómetros, y he navegado en alta mar, entre islas y costeando 2327 kilómetros.






(Hacer click para expandir las imágenes y ver más detalles)

Sinceramente, lejos estoy hoy del mismo Pablo que salió de Montevideo que todo intentaba controlarlo, que en todo quería opinar, que anulaba muchas veces a sus pares por emitir su opinión y actuar sin preguntar qué pensaba o SENTÍA él o la otra persona. Siento hoy para serme y serles completamente franco que, me queda más camino por recorrer que cuando empecé…

(Foto del recuerdo del 28 de julio de 2008 con -de izq a der- el Tato, el Pelao y Jason)


Se han ido sucediendo una seguidilla, un camino que me ha ido mostrando a pesar de mi necedad y soberbia, que no siempre una cosa es buena o mala, rica o fea, dulce o salada. Curioso es sentarme en las rutas, y repetidamente verme físicamente allí y saberme de alguna manera ajeno a ese enjuto y trillado cuerpo que por cierto, no me ha dado un solo problema, así que "el barbas", Dios, Alá, Jehová, Inti, Pachamama, Buda o como cada uno le quiera llamar a Eso a lo que pertenecemos, ¡no tengo reclamos para ti!


Puedo subirme al caballo y sentir que luego de los 30 kilómetros primeros, el culo (pues solo algunos animales tienen cola) empieza a doler, pero no trasciende más de allí, no se convierte en un sufrimiento, en un sacrificio y, mucho menos en el "precio que tengo que pagar" por querer crecer, conocer el mundo, vivir de una forma diferente a la de todos.

De allí se desprende la –ya casi- infinita lista de repetidas preguntas que escucho a diario; ¿y cuando pinchás?, ¿y si te llueve en el camino?, ¿y si no te dan posada en ningún lugar?, ¿y si te roban?, ¿cuántos kilómetros avanzás por día?, ¿qué se necesita para viajar así?... huevo hermano, se necesita huevo para levantarse del sillón donde se te aplasta el culo y hacer de tu vida lo que quieras en vez de lo que te dicen…

Esta fue una respuesta que le di a un pesado pistero (persona que dispensa el combustible en las estaciones de servicio) que no dejaba de tocar las cosas de la bicicleta mientras se reía y preguntaba esas y tantas cosas más.
Y es que así creo que es, creo que se necesita voluntad, coraje, valor, entereza, convicción, valentía pero… no para agarrar una bicicleta y subirse arriba, sino para darse cuenta de qué es lo que queremos Y HACERLO, pues si nos damos cuenta y no hacemos nada, probablemente el dolor reprimido en el que mantenemos el alma, termine por convertirse en sufrimiento tras saber que SOMOS COMPLETAMENTE CAPACES, pero no nos "da la nafta" (no tenemos el valor).

Comenzaré este capítulo de mi vida de una forma diferente a la que he redactado todo el blog y, sugiero que con el archivo de Google Earth (que adjunto siempre que envío el mail con la actualización del blog) o con un buen mapa, vayan haciendo el recorrido.

Así es que, -como contaba en el capítulo anterior que trataba sobre la salida de Ecuador y el trayecto a Panamá con el paso por el archipiélago de Islas de Perlas- llegué a Panamá.
Con una sensación encontrada, con la felicidad de haber conocido un mundo nuevo, de sonidos nuevos, de colores nuevos, de texturas y sensaciones que solo puedo explicarlas como "de otro mundo", el mundo de la mar y, con la sensación de haber estado ciego por tanto tiempo, de entender por fin que el mundo está repleto de "otros mundos" y siempre consumimos del mismo roído mundo.

Fui conociendo en Panamá desde el día en que llegamos (salimos de Bahía de Caráquez, Ecuador el 10 de marzo de 2010) a Ciudad de Panamá, en el puerto de Brisas de Amador el 18 de marzo un sinfín de almas libres (como me ha apodado Guillermo, un capitán asturiano que conocí en Ecuador y con quien mantengo contacto hasta el día de hoy).

Finalmente, encontré el francés al que le venía pisando los talones desde Perú.
Al llegar a Trujillo, uno de los tantos lindos "colegas" ciclo-viajeros que me encontré, me avisó y pasó su mail, de que un "alemán" (así lo llamó Edgar Saavedra alias "el ilegal") estaba a dos días de distancia de allí.
De ahí en más en casi cada compañía de bomberos que llegaba, estación de policía o sitio en el que pernoctaba me decían que hacía 2, 3 o 4 días había pasado un ciclista. Yo lo asocié siempre con este "alemán" y comencé a escribirle por mail para que me fuera pasando datos de lugares para pasar la noche.

Olivier, fue siempre muy atento, simpático y gentil como la gran mayoría de los ciclo-viajeros que he conocido. Finalmente, yo llegué a Ecuador y me asenté mientras buscaba un velero para partir de Sudamérica. Olivier no se demoró pues, lo apresuraba mucho el tema de los vientos y quería llegar a Panamá para conseguir cuanto antes un velero para cruzar el Pacífico.




Por mi parte yo hacía lo mismo pero desde Ecuador, hablando relativamente bien español, era más fácil para mí que para él hacerlo en un país mayormente hispanoparlante. Al poco tiempo de esto, a principios de febrero, Olivier me escribió desde Panamá diciéndome que había llegado, que había tenido que pagar más de 350 dólares por que lo cruzaran desde Cartagena (Colombia) a Panamá.

Mi situación económica no era (menos aún ahora) ni parecida a la de un europeo típico que viaja por el mundo en bicicleta, sin embargo, intuía que debía quedarme en Bahía de Caráquez y continuar con mi plan de cruzar desde allí el Pacífico.

Aunque pueda sonar a excusa, el paseo que realicé (mayormente en bus y un poco en bici) por los Andes ecuatorianos, me abrió muchas preguntas y me hizo sentir un poco de pena de irme de América sin conocer la cultura Maya y Azteca a la que respeto y valoro tanto como a la Inca (y sus subculturas).


Entonces, tras aceptar la oferta de Alexandre Di Monaco de viajar con él hasta Panamá y de allí buscar un velero igual que Olivier para que me cruzara el Pacífico ó, tal vez incluso el mismo Michael (el californiano mencionado al final del capítulo anterior), bueno, tras aceptar la oferta, con ella aceptaba el hecho de llegar a Panamá en vez de comenzar allí la cruzada del majestuoso Océano Pacífico.

Como ya fue descrito en el capítulo anterior y en éste, la llegada a Panamá fue algo inexplicable; yo diría que no llegó a Panamá la misma tripulación que salió de Ecuador.
Resulta ser que tanto Carlos (el marinero) como Alexandre (el capitán) fueron hermosísimos compañeros y supieron manejar con mucha inteligencia mi falta de experiencia y educarme, enseñarme y hasta tenerme paciencia. Carlos sobre todo fue más que un compañero tripulante, fue y se convirtió de allí en más en un gran hermano del alma que hoy, desde Ecuador (pues ya regresó) me hace sentir que realmente no existen los límites ni las distancias cuando se trata de dos hermanos de vida, de dos almas afines (como dicen en inglés con el término "soul-mate").

Para no detenerme mucho –aunque me encantaría seguir hablando de mi querido hermano Carlos Heriberto Avila Napa, seguiré con el pesado discurso.

Como decía, resulta ser que durante todo ese tiempo en Panamá, puntualmente en la marina de Brisas de Amador en la capital misma, fui conociendo gente interesante entre ellos, Yohan, otro francés que viajaba aunque no en bicicleta. Él viajaba en bus, con su tabla de surf y estaba muy perdido en la vida pero, era un personaje muy simpático, de los más inocentes y agradables seres con los que he compartido este viaje.

Para no gastar el poco dinero que tenía, pedía con su alegre carita posada en los restaurantes cuando cerraban. Cuando lo conocí, estaba buscando un barco para quedarse y, tal vez viajar en barco aunque, no sabía si para el Oeste, el Este, el Norte o el Sur, digamos que si le ofrecían para un quinto punto cardinal, también se lo hubiera cuestionado.

Consiguió en un velero de unos brasileños muy jóvenes que lo dejaran quedarse. Aunque no le pusieron condiciones, puesto que él era electricista, los ayudaba con la parte eléctrica del barco, los ayudaba a lijar y siempre, con una linda sonrisa en un alegre rostro. Cuando amanecía, nos gritaba (a Carlitos y a mí) y le dábamos el ok para que se viniera (los dos barcos estaban a 50 o 70 mts.) y se tiraba al agua con sus cosas en bolsas y venía nadando. Se bañaba en el barco, usaba el baño… y luego se ponía a hacer el desayuno. Pese a que no sabía cocinar –decía él- hacía desayunos como los de las fotos.


Otro gran personaje que llegó a la marina en esos días, (casualmente a la misma marina en vez de a alguna de las otras 4 que allí hay) fue Michael. Michael en los subsiguientes días se mostró muy dolido porque no hubiera viajado con él. Estaba incluso como celoso. El asunto fue que tras que comenzara su búsqueda de un 3er tripulante (él, el tercero y yo) me pidió ayuda por el idioma ya que él solo balbuceaba algo de español básico.


Le dije que por supuesto y ya me agarró para que fuera a trabajar a su barco, pero aún no me invitaba a que me mudara ya que en teoría, viajaría con él en los próximos 10 días y por 5 meses. A Alexandre –el capi- le llamó mucho la atención y comenzó a hacerme preguntas al respecto del tipo ¿de verdad querés viajar con él?, ¿te parece que será una buena compañía?.


Un buen día me preguntó alguna otra cosa y le cambié de tema; le dije:  "capi, se você fosse para u oeste, eu iria com você, mas o senhor vai para o norte e não acho que seja meu percurso"
A lo que él respondió:  Não, não e seu percurso? ¿Você tem um caminho inflexível? Tarde o cedo eu vou cruzar o Pacífico, e cedo e ao fim deste ano...


Lo que sigue a continuación, fue un simple diálogo para ponernos de acuerdo en hasta dónde iría yo con ellos y cuando nos encontraríamos y dónde… (más tarde, no sé porqué me pidió para sacarme esta foto).


La preparación comenzó en vez de en "GoodNews" con Michael (nombre de su embarcación) comenzó con el capi y Carlitos en "Ubatuba". Resultó que en mi trayecto por el norte de Perú, puntualmente en Trujillo, conocí entre el hermoso grupo de ciclistas colombianos en la casa de ciclistas de Lucho, encontré a Luna, una chica con inquietudes muy importantes, que quizás coincidían con las mías. Con otros pero sobre todo, con ella, fue que tuve muy bonitas y profundas conversaciones. A veces, a la luz de las velas, terminábamos hablando unos pocos mientras rodeado de almas que abrazaban a Morfeo nos veíamos obligados a bajar la voz.

Resultado de tan linda conexión fue mucho de los cuentos que le hacía al capitán y, paralelamente yo le hacía cuentos a Luna de lo que ocurría en mi vida en ese momento. Cuando le dije a ella que se viniera, que si quería vivir esa experiencia desde adentro, ella a diferencia de todos quienes me he cruzado en el camino, me dijo que sí. Pero que no disponía de dinero ni tiempo para llegar. Que adelantaría lo que pudiese en bicicleta pero que por tiempo y motivos geográficos, tendría que salir por avión del continente Sudamericano.

Le comenté el asunto al capi y él me dijo que él la invitaba, que tenía millas extra y no tenía pensado usarlas desde el barco, así que él se encargó de comprar los pasajes y ella, el 24 de abril llegó al aeropuerto de Panamá donde por ser colombiana, le hicieron varias preguntas y no la querían dejar pasar. Allí tuvo que actuar nuevamente el capitán y explicarle a los oficiales de migraciones que era su invitada y que él se haría responsable de ella.

Finalmente, para la tranquilidad de todos, tomamos todos juntos mate esa tarde en el Ubatuba viendo una espectacular puesta de sol y atardecer.






Luego de un lindo trajín en el que nos derretimos de calor (incluso ayudaba hasta el taxista Juanito que aparece en una de las fotos a continuación con Luna, Carlucho y yo), fuimos al mercado de abastos a hacer el resto de las compras ya que las del supermercado las habíamos hecho durante los 3 o 4 días anteriores. Para mantener los productos frescos (verduras, frutas, etc) dejamos para el último día este asunto.














































(La siguiente es una foto oportuna en de un maniquí en un centro de compras próximo a la marina que anclábamos y la otra habla por sí sola)




El 6 de mayo estábamos listos para salir y solo faltaba hacer panqueques para untar con dulce de leche con el mate de la tarde (el de despedida), ajustar unos cuantos asuntos burocráticos (responsabilidad del capi), alistar los motores que hacía unos meses no los usábamos, acomodar las compras mientras el resto del equipo, repartido y alternando trabajaba en la Maestra (la vela mayor, la de popa, la de atrás) y más tarde en el sistema eléctrico que estaba un poco enredado…




Las despedidas nunca fueron mi fuerte, quizás porque no creo en ellas; así que, quedamos con Michael que nos veríamos por algún lado, que de allí partíamos para Golfito, el primer puerto de Costa Rica. Con los demás capitanes que tan amigos nos habíamos hecho, hicimos una linda fiesta de despedida en el mismo catamarán y el capi, como anfitrión cocinó para todos. Guitarreada con saxo, con maracas, con tambores, pandero coronaron esa noche.

A la mañana siguiente, el 7 de mayo, dejamos la marina dirigiéndonos a las siguientes islas y en este orden:
  1. Isla Espíritu Santo, una de las tantas del archipiélago de Isla de Perlas
  2. Isla San Telmo, ídem anterior
  3. Isla Galera
  4. Isla el Cedro
  5. Allí ya dentro del Golfo de Panamá, nos adentramos en el Río Sucio donde pasamos la noche escapando de los mosquitos sumergidos en un manglar muy bonito, denso y verde, donde no se escuchaba más que el sonido de las ranas y las conchas cuando se abren.
  6. Isla Iguanita, también dentro del Golfo de Panamá.
  7. Isla El Rey, donde pasamos como 3 días en Punta de Cocos disfrutando de una vista sin igual.
  8. Isla Jicarón, que fue sin duda la isla más parecida de todas las que estuvimos a la típica isla con agua azul y palmeras con cocos de cualquier película vistosa.
  9. Luego de dos días en Jicarón, decidimos emprender el camino hacia Costa Rica ya que el capi recibió a través del Internet satelital un correo de su esposa Iris que estaba saliendo de San Pablo para Bogotá y de allí llegaría a San José (cap. de Costa Rica). Así que seguimos camino hacia la Isla Ladrones.
  10. Muy bonita fue la noche que pasamos allí, sobre todo la tormenta con vientos de 35 hasta 50 nudos (de 65 a 90 km/h). Pero el viento y el agua no movieron al Ubatuba de su lugar. Casualmente o por experiencia, el capi había ordenado que no solo fondeáramos con un ancla, sino que también tiráramos otra ancla hacia popa (la parte trasera) para quedar en el lugar por eventuales vientos…
(Resumen de fotos de la travesía desde Ciudad de Panamá pasando por el archipiélago de Isla de Perlas, por el Golfo de Panamá o Golfo Dulce, recorrido por algunas islas de allí dentro del golfo y luego el camino hasta Golfito, Costa Rica)


Para el día siguiente después de una noche de IMPRESIONANTES vientos y lluvia de más de 100 km/h y con algunas bajas en el equipo (se volaron bidones de 20 litros de combustible que no estaban atados) zarpábamos para Golfito e ingresaríamos a Costa Rica horas más tarde.



(foto panorámica de Isla La Palma - Golfo de Panamá)



(Foto del amanecer sobre la isla Iguanita)



Encontrándonos con la siguiente sorpresa dimos comienzo con "el pie izquierdo" a nuestro ingreso al mencionado país Centro Americano.
Puesto que Colombia es una nación muy golpeada, muy mal vista y muy injustamente calumniada, resulta ser que los oriundos de dicha nación necesitan visa para entrar a Costa Rica. Si bien habíamos tomado unas cuantas precauciones con Luna expidiéndole un pasaporte de marino internacional el cual tuvo un gran costo económico (430 dólares). No hubo forma de convencer a la oficial de inmigración Shirley Carillo de la oficina de migración de Golfito para que permitiera el ingreso de Luna sin visa a Costa Rica.



(Éstas dos son fotos del último día de navegación justo antes de llegar a Costa Rica) Si logran abrir las dos fotos, se darán cuenta que es una secuencia en un momento que fue necesario ir a la proa a acomodar el triángulo de seguridad y la mar estaba un tanto agitada. Además hay un video también. Al comienzo de este capítulo comento como entrar a los videos)


El resultado, el tristísimo resultado fue que tras unos días, tuvimos que ir a dejar a Luna a Puerto Armuelles (el primer puerto de Panamá yendo desde Costa Rica (12 hs de navegación aprox.) Allí ella desembarcó en Armuelles (llevaba sin tocar tierra varias semanas desde la partida de Ciudad de Panamá) con un sueño quebrado, con una ilusión truncada por haber nacido en para mí, uno de los países más bonitos, con gente más amable y noble que he conocido en todos mis viajes.

Si hay una nación a la que le tengo afecto, incluso más que a la boliviana, o todavía más que a la uruguaya, es a la colombiana y sus habitantes. Dio este tema para muchos días de triste reflexión y quizás, es por eso que no quiero escribir más sobre este tema, quizás no Luna, quizás no es ella lo que primeramente me causa tristeza, sino la oscura mirada que tiene el mundo cuando hablan de Colombia y la asocian inmediatamente con el difunto señor Escobar, con las guerrillas, etc.

Para amplio conocimiento de todos los verdaderos estúpidos que piensan así, Colombia es un país territorialmente muy grande, con más de 45 millones de habitantes y si hubiese entonces que generalizar en todo el mundo a un país por lo que algunos de esos millones y millones hacen, entonces ningún país quedaría libre de pecado sino, además del intocable EEUU que hoy es Dios…; el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Solo puedo molestarme, gritar la tremenda injusticia en la que viven los colombianos que ya existe una lista en internet que plasma dicha realidad; allí se enumeran todos los países del mundo (son más de 300) y solo 18 países no piden visa a colombianas y colombianos. De ellos, la mayoría son sudamericanos, el resto alguno aislado que mantiene el tratado de reciprocidad con esa hermosa nación.

Sueños rotos, visiones de crecimiento, conocer el mundo y muchas otras virtudes de esta vida, son injustas y tristes puertas que están cerradas para mis queridísimos y queridísimas coterráneos colombianos/as.

Dicho esto, debo aclarar que por más oscura y tenebrosa que pueda ser una noche, también tiene estrellas, luna (a menos los dos días que no se ve porque es nueva) y si uno sabe verlo, aunque del otro lado, el sol aún brilla.
De esa forma lo tomó Luna y hoy, no solo se encuentra disfrutando del recuerdo de lo que vivió en todas esas islas donde aprendió muchas cosas entre ellas a nadar, luego a bucear progresivamente hasta el caso que era casi imposible sacarla del agua, a veces "Calitos" (como le decía ella) me decía que se parecía más a un pescado que a una persona.

Poco se puede expresar de Puerto Armuelles más que hubo que pagar una coima para que le sellaran nuevamente el pasaporte pues, como no le habían dado la entrada en Costa Rica, y en el pasaporte aparecía el sello de salida de ella de Panamá, necesitaban hacer una maniobra arriesgada para darle el ingreso a Panamá para que de allí pudiera en bus viajar hasta la capital para tomar su vuelo de regreso a Colombia que nos enteraríamos más tarde que fue más largo que esperanza de pobre.
(Más abajo pondré unas fotos de Puerto Armuelles, concretamente del muelle y del amanecer en el que Luna partió a una nueva historia.)

Luego de haberla dejado en Armuelles, el que empezó a cuestionarse el presente entonces fui yo. Una temporada de huracanes muy fuerte estaba comenzando en el Pacífico. Al capi se le volaban y aguaban los planes de subir con su esposa (a quien conocimos personalmente al días siguiente de haber llegado a Golfito), Carlitos y yo hasta Méjico. Tras ver que la temporada venía con tanta intensidad, decidió ir por tierra a averiguar costos de sacar el barco para pintar los cascos y hacer otras reparaciones volviendo 4 días después con la noticia que nos íbamos todos para Nicaragua, a San Juan del Sur.

(Fotos de Puerto Armuelles, la frontera marítima panameña más próxima a Costa Rica)




























Para su regreso y sumado a lo pasado, ya había tenido tiempo suficiente para pensar en mí. Dado que si no estaba Luna presente, estaba Carlitos y si no, con alguien siempre tenía el placer y la dicha de conversar, tomar mate, tocar la guitarra o simplemente estar, no había tenido tiempo para asimilar lo que estaba pasando, lo que había pasado.

Tuve que comenzar el proceso de desaburguesamiento (término nuevo…) y pensar que en tres días, cuando ellos partieran para Nicaragua yo, ya no tendría los quesos importados, los jugos exquisitos naturales, el pan  casero de Iris; yo partiría también pero otra vez, sobre dos ruedas.



 "...Estas bicicletas son muy buenas chicos, lo que no es de aluminio es de acero inoxidable..."






(Fotos de la preparación de la bicicleta donde claramente se desmiente solito el verso de Motociclo, empresa de venta de bicicletas -entre tantas otras cosas-, puntualmente en pleno barrio Centro de Montevideo, Uruguay).

Continúa en el CAPITULO 7: CENTRO AMÉRICA (II) - Costa Rica (próximamente)