10 jul. 2010

CAPÍTULO 7: CENTRO AMÉRICA (III) Costa Rica

También con una fuerza natural e invisible igual que el Ubatuba, una fuerza que viene quizás, desde el mismo lugar del que soplan los vientos más puros e intensos del planeta, esos vientos que abren las ventanas de par en par y nos muestran el camino a la libertad, con ese ímpetu, ese ahínco, con ese convencimiento comencé a preparar la bicicleta para retomar mi viejo sueño de conocer la cultura Maya, el sueño de volar en cielos desconocidos.
Aquí viene una secuencia de las últimas fotos de Golfito)
(Secuencia de fotos)




Tras esos 3 días de aprontes, logré conseguir gratis (con gente de la marina de Samoa) hasta la pintura anticorrosiva para lijar y pintar las parrillas que tras tantos baños de agua dulce y salada, estaban en un estado deplorable. A esto se sumaron el manillar y algunas otras piezas de la bicicleta que en ese momento me enteré que no eran ni de acero inoxidable ni de aluminio como me había asegurado el vendedor de Motociclo (empresa uruguaya que me vendió la bicicleta)

(Fotos de la marina de Samoa en Golfito y de Golfito)















El 3 de julio, aniversario 34 de casados de mis papis, dejé Golfito y la familia hermosa (principalmente el capi y Carlitos) con quienes había compartido las 24 horas de los últimos casi 4 meses de mi vida. Una vez más se acercaron a mí esos sentimientos opuestos, encontrados; por un lado la tristeza de saber que ya no volvería a ver a Carlitos en ese barco (ya que una vez llegados a San Juan del Sur se volvería a Ecuador) con esa nostalgia de tantos mates y profundas conversaciones y momentos vividos con el capi y, por otro lado, esa electricidad interna, como si me hubieran enchufado el cuerpo, el alma, la mente y el corazón no a 110 V, tampoco a 220 V, sino a 440 Volts!!!


(Regalo de partida del "capi" ya que no se los iba a romper me los regalaba)

A continuación y por todo lo que expliqué al principio, relataré de una forma esquemática el recorrido hasta aquí, hasta la peligrosa capital de El Salvador; y digo peligrosa porque… es lo que dicen por ahí…
Volviendo entonces a Costa Rica, a Golfito, aquí describo el recorrido y agrego bajo el título alguna anotación tal como hice en su momento en mi "Libretita" de apuntes del VAGAMUNDO como le he puesto de nombre.

Golfito – Palmar Norte 3-7

*Pinchazo/rajadura - Cruz Roja – aire acondic. – Panadera bonita – donación iglesia.

En el transcurso mencionado, al salir de Golfito le eché aire a la rueda trasera que iba ya la pobre, sobre cargada. Una hora más tarde, en una bajada me di cuenta que 75PSI de presión era demasiado para la pobre cubierta (llanta) ya que tenía más de 3 mil kilómetros y sentí un ppsssss… Hube de parar y desmontar todo el asunto (la carga) para poder reparar el pinchazo. Primer pinchazo en Centro América.


Conseguí en la Cruz Roja alojamiento tras que bomberos pusiera la excusa clásica que desde la capital los estaban controlando mucho y bla bla bla. Increíblemente no me dieron en Cruz Roja un lugarcito para dormir, sino gratis me dieron una habitación con dos camas para mí solo, con
aire acondicionado, TV cable y lo mejor, un baño con ducha y todo dentro de la habitación donde pasé creo yo, como 30 minutos debajo del agua fría que salía con una presión considerable y me masajeaba las desacostumbradas piernas y espalda.
Al día siguiente, el 4 de julio pasé por la panadería que había pasado la noche anterior donde había conocido la chica más bonita que había visto en los últimos 10 meses pero, había una simpática gordita que… no me convenció mucho a quedarme otro día más.
Partí y en el camino me encontré una sucursal de fariseos. Sí, esos hipócritas lugares llamados iglesias al que le dejé parte de mi peso en forma de arroz integral, unas ropas, etc.

(Foto de parada de bus en donde descansé placenteramente como una hora)







Palmar Norte – Dominical 4-7

*Encuentro de los belgas - The Refuge – Policía – Minimercado
El segundo día de pedaleo encontré una pareja de belgas que habían comenzado en Managua (capital de Nicaragua) y habían sido robados a 50 kilómetros de dicha ciudad. Me dijeron que se habían quedado en Uvita, en un pueblito muy turístico en un hotel muy barato y me lo recomendaban con mucha seguridad…

Pasé Uvita sin siquiera mirar para el costado y llegué a Dominical. Ooootro pueblito turístico e impagable como toda la costa costarricense (que por eso no deja de ser hermosa). Estaba muy cansado propio del camino muy quebrado que había hecho. Pedí ayuda en policía y finamente me mandaron a la mierda. Comencé la táctica, la vieja y querida táctica de conversar con la gente local y allí me enteré que había un hospedaje, ellos le llamaban un refugio. Todos me indicaban lo mismo, que fuera y hablara con la dueña que tiene muy buena onda.
Hasta allí fui y hablé con ella, no recuerdo su nombre pero era muy bonito. Española ella, se me hizo que sería más fácil de convencerla y, así fue. No por mi retórica, sino porque ella tenía ganas de ayudarme y de que yo me ahorrara 3 mil colones (unos 6 dólares).
Esa noche la pasé allí y disfrutamos junto con Ben, otro chico neozelandés que estaba allí, de un arroz a la "notengoganasdeconicnar.com" que me hice yo. (ahora todo es "punto com" ¿no?)










Dominical – Parrita 5-7

*Monitos – Bomberos (Kenneth, Pablo, Sergio)

De dominical salí sorprendido de que las chicas, ya desde las 8 de la mañana me gritaban "guapo" desde las minivan de turismo y yo, yo pensaba para mí, si me vieran en media hora ensopado en transpiración y oliendo a tigre…
En el camino disfruté de los monitos que, de todos lados se escuchaban, desde los aulladores hasta los capuchinos, de todos lados se escuchaban y de muchos se veían, asomados entre las ramas de los árboles, mientras yo los buscaba para fotografiarlos, ellos me miraban escondidos, curiosos y muy tiernos.









Llegué a Parrita y directamente a buscar en el 3er día de pedaleo los bomberos. Pasé por Cruz Roja (pegado a bomberos) pero algo me decía que tenía que conocer los bomberos de allí. Kenneth, Pablo y Sergio me recibieron sin problema alguno dándome una cama, el almuerzo, un café y la cena. Con ellos también disfrutamos de un espectáculo de rayos y lluvia con poco viento.
















Parrita – Jacó 6-7

*Pancho y pía – Pizzapata (Diego, Marcelo, Leandro) – Cóndor – Nemo, Flor – Cubiertas – Mates – Pulsera – estadía por dos días

(Entrada a Jacó)

Merecerá la pena que me extienda un poco aquí.
Normalmente cuando paro a descansar en la carretera, lo hago en paradas de buses, en lugares retirados de la carretera (a 15 o 20 mts) para evitar que algún bus me aplaste el cerebro. Pues esta vez resolví que allí debía parar, al costado de la barra de contención, de seguridad que hay en muchos tramos de las carreteras. Allí me disponía a tomar agua cuando un auto, sale del lado opuesto de la carretera de una callecita secundaria y me pregunta con un acento argentino muy claro camuflado tras un personaje de lentes oscuros "y tú de dónde vienes" mientras disimulaba la pronunciación de las "LL" y las "Y".
Normalmente tampoco escucho (hago caso omiso) a los simples curiosos, pero este tipo me causó tanta gracia que hasta crucé a conversar con él abandonando temporalmente la bicicleta del otro lado de la ruta panamericana.
El me dijo -tras mis varias respuestas- que tenía que ir a Jacó. Yo le dije que para allí iba entonces, él me comentó que jugaba Uruguay con Holanda y que no podía perderme de conocer a los "yoruguas" que allí vivían de una pizzería en un centro comercial.

Llegué a la pizzería sin pensarlo dos veces tras completar esos últimos 15 kilómetros. A la pasada noté que había bomberos, Cruz Roja pero que era un señor pueblo (ya no un pueblito-balneario). Esperé unos 10 minutos hasta que justo llegó Diego a abrir la pizzería. Me presenté y no salía de su asombro este inconfundible uruguayo que me decía una y otra vez, hacía cuánto tiempo que no comía pizza uruguaya.

A poco de esto llegó Marce, oootro yorugua más que no creía más que Diego más que porque ahí estaba la bicicleta. Ambos me mandaron a conseguir alojamiento, a dejar todo y si no conseguía algo cómodo, me invitaban a quedarme con ellos. Me recomendaron una bicicletería ya que, como conté en el primer día de pedaleo en Centro América, había cortado la cubierta y necesitaba cambiarla urgente.
De la bicicletería, Cóndor su dueño, me mandó a Cruz Roja luego de darme la mala noticia de que allí no había la medida de mi cubierta.
Fui a Cruz Roja preguntando por un tal Memo Ríos que era el nombre que Cóndor me había dado con la historia para decirle a Memo que yo era amigo de él.
Como no es mi estilo mentir sino, pintar las cosas de un color que a mí me sirva sin alterar la realidad, llegué allí y conocí a Memo. Le dije que había estado donde Cóndor y que tal vez, allí en Cruz Roja me podían ayudar puesto que conversando con Cóndor sabía que habían recibido allí otros ciclistas. Memo me dijo que no, que allí no recibían ciclistas porque habían compañeros celosos y que a veces podía generar problemas laborales pero, que en su casa, el tenía unas cabinitas para alquiler y, que me podía prestar una por unos días… (cabinas es como llaman en C. Rica a las cabañitas o casitas pequeñas que alquilan).
Resultado fue que en ese mismo momento, Memo sacó su camioneta y me dijo que lo siguiera. 10 minutos después estaba conociendo a su esposa Flor y a uno de sus 3 hijos. Me alojó en una espaciosa cabina y me dijo que me quedara el tiempo que yo quisiera. Yo me bañé y me fui a comer pizza, tomar mate y mirar el partido con los uruguayos (que se había ya sumado un tercero).

Para celebrar la derrota me sirvieron una pizza EX QUI SI TA. Hicimos gran amistad con estos personajes muy cómicos y ya para la tardecita (oscureciendo) volví donde Guillermo Ríos que aún no llegaba del trabajo. Aproveché para conversar con la pasiva Flor (su esposa) y al fin llegó. Tuvimos una muy bonita cena además del almuerzo que ella me dio (más la pizza que comí en Pizzapata – nombre de la pizzería de Diego y Marcelo-).

Otro día pasé allí en Jacó y, a diferencia del primero, Memo me invitó además de a almorzar y cenar en su casa luego de una guitarreada, me invitó a desayunar a un restaurante la comida típica de su país, el "Gallo Pinto".

Conversé bastante con Flor y otra vez fui a visitar a mis compatriotas que tan bien me cayeron.
Para cuando regresó Memo, regresó acompañado de una cubierta usada, pero era la medida que yo precisaba.



Además me dijo que en El Roble, siguiente pueblito al que yo iba al día siguiente, tenía un conocido al que ya le había encargado la cubierta mía, no la medida exacta pero sí nueva!! Me dijo que él me la quería regalar así que yo solo pasara de parte de "Memo" que ya estaba todo arreglado.

Esta noche no fue una nueva "falsa alarma" la despedida de los uruguayos y me dijeron que Pizzapata quería patrocinarme en Centro América así que me regalaban el machete que tenían para cortar las pizzas para que me defendiera… …Y con esa tranquilidad me dejaron que me fuera tras unos abrazos al mejor estilo ítalo-uruguayo

Jacó – El Roble – Barranca 8-7

*Iglesia – Bomberos - El Roble (Maike) – Cruz Roja, Jorge – Cubierta

Partí luego de otro desayuno espectacular con la invitación de este hermosísimo Ser Humano escondido detrás del seudónimo carnal de Guillermo Ríos hacia El Roble, puntualmente hacia la bicicletería Maike que me esperaba con mi cubierta nueva.

No pude partir sin dejar un pedazo de mi alma en los abrazos de este señor y, sin llevarme dinero (suficiente para varias comidas) que Flor me daba con la excusa de que tuviera para "el almuerzo". Muy, muy, pero muy bonita y cálida familia que estableció un lugar en primera fila de mi corazón.

A mi partida, al último que fui a saluda su trabajo fue a Guillermo. El me regaló además de todo lo otros, algo que me gustó mucho. Una pulserita blanca de silicona que dice en letras rojas "Cruz Roja Costarricense". No pude negarme a colocármela asllí mismo a pesar de que fuera la segunda pulsera que usaba en mi vida entera. (La primera, me la colocó Iván, un gran-pequeño personaje colombiano que conocí en Trujillo y en ésta dice "Porque otra América es posible").




(Fotos del camino)






Tras llegar a destino y pasar por lo de Maike, puesto que no era la medida de la cubierta que yo precisaba pero era una muy parecida, había que probarla y yo no tenía ganas de desarmar la bicicleta para hacerlo en el momento. Así que coordinamos para el otro día en la mañana cuando partiera para Cañas.

Me indicaron ellos cómo llegar a bomberos y tras la excusa de siempre de mis igualmente queridos amigos, fui a la iglesia católica donde, casualmente (para variar) el padre no estaba y los que estaban no estaban autorizados a ayudar a nadie y parecía que algunos, ni siquiera estaban autorizados a levantar la vista y responder... Parece que el "Gran jefe" es selectivo respecto a quienes ayuda y a quienes no. Ya lo he dicho antes y lo repito públicamente; a la verga con la pinche iglesia católica, cristiana y templos evangélicos adyacentes. FARISEOS DE MIERDA!!

Fui al siguiente pueblo (unos 5kms) donde sí había Cruz Roja y luego de un pronunciado análisis, el jefe volvió y me dijo que bueno, que no podía quedarme allí pero que uno de los trabajadores me ofrecía su casa si es que yo no pretendía muchas comodidades. Yo le mencione que no conocía exactamente el significado de esa palabra y luego de reírnos todos juntos (no sé de qué…) me presentaron a Jorge.

Jorge es un personaje de esta historia muy tímido, humilde y que a pesar de que solo tiene 50% de su visión, cree que si alguien te toca a la puerta pidiéndote ayuda, seguramente es porque la necesita. Está en el corazón de uno en darse cuenta si es un teatro montado o no. La verdad que con la carga que llevo, no sólo una escena, sino podría hacer una obra de teatro completa… je je je, (pero no fue el caso, no había porque inventar, mentir o colorear escena).
Pero lo cierto es que mi historia es verídica y es basada en hechos reales (parezco un programa de tv). El querido Jorge me dejó en su casa, me bañé y me puse a cocinar mientras él iba a tomarle la presión a un y otro vecino. Allí me quedé viendo una película y masajeándome las patitas.
Con un "abanico" (ventilador) en los pies de la cama nos dormimos ambos en un mismo cuarto para evitar los mosquitos.


Barranca – Cañas 9-7

*Carretera muy mala, monitos, cocodrilos - Encuentro Andrew – Cruz Roja


(Se ve claramente en la foto que no hay espacio para circular en bicicleta)

Al día siguiente y temprano, como a las 7 comenzamos el día con desayuno que él preparó. Con pan con margarina y café me recibió ese nuevo amigo en ese nuevo día.

Luego de que desde Barranca me acompañara hasta la misma bicicletería en El Roble y se asegurara de que yo supiese como salir del pueblo rumbo a mi destino, se volvió a trabajar.

Yo quedé instalando la cubierta que decidí de llevar. También me llevé la usada que Memo me había regalado y la mía que, aún estaba puesta hasta que no aguantara más.

Este día fue un día de mucho contacto con la naturaleza y el último en el que me estresé por las subidas y bajadas continuas y comencé a preocuparme por el espeso tránsito internacional de camiones de contenedores que me pasaban a menos de un metro de la bicicleta. La ruta es muy estrecha y no hay más que 40 cms para circular e incluso en algunos tramos, ni siquiera hay eso por ramas caídas o defectos del pavimento. Teniendo en cuenta que yo preciso al menos un metro y medio por el ancho de la carga, 40 cms significaba que los camiones y buses muchas veces tuvieran que esperar que pasar al ver que venía otro en sentido contrario para poder rebasarme sin hacerme carozo.

Muchos monitos vi y escuché este día, e incluso, cuando me pareció ver un ternero al costado de la ruta en una zona protegida, me di cuenta que era una cierva hermosa con sus pintitas blancas. La naturaleza en Costa Rica realmente asombra.






También pasé por el puente más largo de Costa Rica de donde se pueden ver estas gigantescas y prehistóricas bestias espectaculares. Allí había casi un centenar de "gringos" sacando fotos y diciendo a los gritos…"mami, papi, vengan, de este lado a 4" y así transformaban en zoológico ese puente.













Ya casi sobre los últimos 30 kilómetros me encontré con otro ciclo-viajero. Andrew, de California, EEUU, había volado hasta Guatemala y desde allí venía pedaleando. Fascinado con la experiencia; me dejó su mail y me pidió el blog ya que no concebía cómo alguien podía viajar tanto tiempo sin cansarse (no físicamente) de hacerlo. (aburrirse)

Para culminar este día, me presenté en Cruz Roja de Cañas y Carlos, el administrador, me ofreció una oficina desocupada para mí solito, con ventilador de techo y, aunque el baño no estaba dentro de la pieza como en Palmar Norte, no me quejo pues también me trataron muy bien… jeje.
Allí cociné y conocí otra bonita cajera que me vendió unos huevos, un poco de queso y un pan muy rico en un minimercado a 40 mts de mi flamante casita "roja".





Cañas – Liberia 10-7

*Pinchazo y cambio cubierta – Cuenta kms.- Cruz R.(Marielos, Ángel, Leonor), banderín y escudo, internet – Cataratas + baño bici + partido - Mangos

Día nuevo y a escribir historia otra vez.
Saliendo de Cañas, tras aceptar la invitación de una de las chicas de guardia de la Cruz Roja y el repetitivo regalo del Nuevo testamento evangélico, como castigado por huevón de haber aceptado otro desperdicio de papel, me enfrenté a otro pinchazo.

Apenas a 3 o 4 kilómetros de la salida me encontré ya cansado de reparar a diario (o casi) la rueda trasera. Puse allí entonces la vieja cubierta que Memo me había regalado dos días atrás en Jacó y conservé además la que sacaba más la que había obtenido –regalo de Memo- en la bicicletería "Maike" en El Roble.

Tan confiado me sentía con la cubierta "nueva-usada" que me animé ya casi llegando a Liberia a meterme unos 5 kilómetros adentro, por una ruta destrozada hasta unas cataratas. Tras unos 30 minutos, logré completar los primeros 2,5 kilómetros y escuchar el sonido de ese monstruo que estrepitosamente encontraba tierra desde unos 40 o 50 mts de altura. Almorcé allí tras aplicar el repelente en mi dulce piel (para los mosquitos) y emprendí el final del camino que implicaba salir de allí. Los invito a que vean los videos y las fotos. Realmente era una especie de rally que había que hacer para entrar y salir de allí, tanto así que ni siquiera las camionetas modernas y grandes 4 x 4 se animaban a pasar y caminaban el último kilómetro hasta la catarata.

Bañadito, comido, fresquito y sabiendo ya la profundidad de los cráteres rellenos de lodo la vuelta se me hizo mucho más corta. Salí a la carretera con barro hasta las… rodillas. La bicicleta pesaba al menos 4 kgs más por esa causa pero me dio para pedalear unos 10 a 15 kilómetros más hasta el arribo a Liberia.

Allí me recibió Ángel, el administrador (encargado) de dicho organismo. Me invitó un café y le pidió a Marielos (María de los Ángeles) que lo sirviera. También me invitaron un pan y a que me sentara a ver como Alemania le ganaba a Uruguay mientras conversábamos. Se notaba la alegría de ver semejante loco de remate. Ambos preguntaban mucho y contaban de otros viajeros que por allí habían pasado.

En medio de la conversación, recordé que debía conseguir una cubierta para la bicicleta y algunos otros repuestos difíciles de encontrar. Les pregunté a ellos la ubicación y fui a la completa bicicletería que tenían allí en el pueblo. El dueño de allí se lamentaba de no tener lo que yo precisaba, pero me dijo si precisaba algo más. Dada la experiencia que había tenido últimamente y la que iba a tener en un futuro en el resto de Centro América donde parecen no existir o ser escasos los carteles de la ruta donde marca el kilometraje entre pueblo y pueblo, le pregunté por un cuenta kilómetros. El me dijo que tenía uno muy simple, de unos 20 dólares pero que me lo dejaría a precio de costo así que por algo así como 10 dólares (5200 colones) me lo vendió.

Ya contaré luego como es que algunas cosas de las que antes estaba en contra o hallaba innecesarias, hoy poco a poco las estoy adquiriendo de una u otra forma y me estoy volviendo un poco más tolerante y flexible con la tecnología y la civilización.

Volví a C. Roja y lavé la embarrada bicicleta así como la carga salpicada de barro. Allí fue cuando me dijeron que tenían internet, así que si precisaba, que podía hacer libre uso del servicio. Y me conecté con la computadora. Para mi sorpresa tenía como 30 correos de esos que no preguntan solamente "cómo estás y dónde estás" sino que son cartas que uno siente que merecen un buen tiempo de respuesta. Paralelamente, fui conociendo a varios lindos personajes esa tarde y sobre la noche, Leonor, una joven muy enérgica se sentó a conversar conmigo mientras tomábamos otro café (bebida muy típica en esta zona).

Leonor me contaba de su desgracia, su casa se había incendiado no hacía mucho, sin embargo, a ella se la notaba muy motivada, con mucha fuerza e ímpetu para seguir adelante y ayudar a su mamá. Me dio un poco de vergüenza que después de haber mencionado mi precaria situación económica, (que en realidad no era otra cosa más que parte del viaje) Leonor saco de su bolsillo una buena suma de dinero (como 10 dólares) y me los extendió.

A esta altura, he aprendido a aceptar lo que me regalan de corazón (no así lo que me dan por compromiso o actitudes fariseas que tantas veces he rechazado) pero así y todo algo me picaba un poco por dentro.

Una tormenta espectacular se desencadenó tras horas de advertencias que los truenos muy fuertes venían a traer. Entonces no encontré mejor cosa que hacer que cerrar la computadora y disfrutar un rato de esto. Para horas de la tarde y tras haber recogido muchos mangos que habían caído del árbol allí presente, me senté a conversar nuevamente hasta que un rayo ocasionó un apagón. Éste duro como una hora invitándome a descansar.

Aquí en Liberia pasé otro día más, el 11 de julio, aproveché para resolver el tema de los correos y escribir un poco para el blog (lo que están leyendo ahora)











Liberia – La Cruz 12-7

*Cruz Roja, habitación, ventilador, no comida, ducha, pedradas

A mi partida, Ángel vino para despedirme y me regaló una banderita de Costa Rica y otra de la Cruz Roja. Nos tomamos unas fotos y emprendí la marcha hacia la última ciudad-pueblo de Costa Rica, La Cruz.





(Fotos del camino a La Cruz y en panorámica del volcán Orosi)


Recuerdo pocas novedades del camino de Liberia hacia La Curz más que, a mi llegada a La Curz, de 6 a 8 demoñitos de unos 10 años de edad, me recibieron en la primera curva de entrada al pueblo con piedras… sí, me cagaron a pedradas los muy hijos de… Hubiera deseado que me pegaran con alguna pues de esa forma, me hubiera sido más fácil conseguir el almuerzo aunque éste fuese carne que hace como 3 años no pruebo.

Diretamente fui a Cruz Roja. Ya tenía todo el respaldo de Memo Ríos de Jacó, y de Ángel de Liberia, así que sería muy fácil conseguir allí posada.

El encargado estaba muy ocupado, pero no dudó en ofrecerme una habitación en la que no solo habían muchas camas para elegir, sino que además ventilador y era solo para mí!!

Salí dejando allí todo al pueblo a buscar un poco de pan ya que no había comido mucho durante el día. Encontré una panadería, solamente una y era CARÍSIMA!! Compré lo más barato que tenían y me fui a un minimercado a comprar un jugo o yogurt. Me volví con el pan y el brebaje para mi nuevo hotel y allí con un poco de queso que traía no se desde dónde me hice un sándwich y me acosté luego de un muy lindo baño.


Con las intenciones de partir temprano, en realidad, de la desconocida Nicaragua me acosté muy temprano (20hs).







Escenas del próximo capítulo…











Continúa en el siguiente capítulo...

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